Para adaptarnos mejor el primer paso es conocernos mejor

Aprender a adaptarnos es una de las grandes lecciones de la vida. Esta lección es esencial en muchos momentos, como cuando nos casamos, nos mudamos, cuando migramos, entre tantos más. Sabemos que el dicho reza: “Si vas a Roma, haz lo que vieres”.  Ahora bien, ¿cómo se hace esto sin dejar a un lado lo que somos?

Creo que para lograr una buena adaptación, son fundamentales estos asuntos: ser proactivos. Establecer prioridades. Buscar comprender primero, y luego intentar ser comprendido. Poner en práctica la sinergia (trabajo en equipo).

En este proceso es básico disponernos y buscar aumentar nuestra consciencia acerca de nuestra circunstancia. Vale preguntarnos ¿qué nos genera apego del punto donde ya no estamos? Ejemplo: Amistades, formas de ser, la comida hecha por la mamá, el mar…

Y otra cuestión a preguntarnos es: ¿qué nos puede generar apego en esta nueva vida? ¿Qué me encanta? Costumbres, la libertad para transitar en la noche…

Una vez que aclaremos nuestro panorama interno, podemos indagar en nuestras motivaciones incluso podemos osar a preguntarnos cosas que nos lleven a esos mecanismos inconscientes que nos dominan y no podemos reconocer fácilmente.

Conocernos más es identificar nuestras necesidades y tanto más, y eso es una prioridad estemos viviendo lo que estemos viviendo. Esta auto-exploración nos ayudará a mantener el centro y no perder el foco.

Aclarar qué es lo que estamos buscando, cuáles son nuestros sueños, lo que nos genera ilusión. Reconocer nuestras fortalezas, nuestras debilidades y miedos, nos resulta esencial para emprender con éxito un proceso de adaptación.

Así que, una vez más, la clave del éxito parece ser: conocernos a nosotros mismos para presentarnos de la mejor manera que podamos. ¡Adelante!



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