Para ser feliz cultiva un jardín

O Los efectos terapéuticos de la jadinería

Hoy quiero hablar de las flores… así de simple. Las flores sí, las plantas, el jardín si puedes, la terraza o si no hay manera, esas plantitas que se pueden ir esparciendo por cualquier rincón de tu hogar.

Todo empezó por casualidad. Aún siendo hija, sobrina y nieta de grandísimas y reconocidas jardineras, cuyas habilidades con la naturaleza son de sobra conocidas, esta que firma estas letras no había conseguido nunca que le durara viva una planta ni 2 meses… nada, no había manera, o las secaba o las ahogaba, o se morían de oscuridad o se abrasaban de sol… en fin, el caso es que había aceptado mi incapacidad, hasta que llega un enano de estreno en el mundo y me cambia por completo el panorama.

Descubrí un día que a mi hijo le gustaba, distraía y ponía súper contento verme dar vueltas por el jardín, así que cada tarde, un poco por que estuviera contento, otro poco por estar al aire libre, empecé a buscar cosas que hacer en lo que antes era sólo un patio… Al principio regaba las 4 plantas que traía consigo el propio jardín de mi casa… esas plantas que solitas se sustentaban o con las lluvias o con la amabilidad de las vecinas. Luego pasé a ordenar y limpiar a fondo lo que allí había, quitando cosas de aquí y allá para hacer el espacio más visualmente agradable. Sin darme cuenta estaba regando y transplantando algo de lo que por allí había, fundamentalmente aquello que me habían comentado que crecía solo sin grandes demandas y al final, así como quien no quiere la cosa, un día me encontré rodeada de flores de colores, macetas, tierra, mangueras y una afición que se me ha colado en el hueso y ahora no quiere salir.

Lo que pasó fue simple, descubrí antes de entenderlo que la jardinería, (en toda mi modestia, pues sigo sin ser una experta), suponía para mí y para mi pequeño un tiempo de relax absoluto, de meditación, y de alegría… me salía cantarle, jugar con él, mojarle con la regadera, y en resumen, nuestro momento mágico del día, de la tarde, lo estábamos esperando los 2 esperando con ganas que bajara la intensidad del sol.

Y como nada es casualidad cae frente a mí un artículo que habla de cómo esta afición está llena de efectos beneficiosos para el ánimo. Cómo ayuda a eliminar el estrés bajando drásticamente los niveles de cortisol. Cómo combate la tristeza y depresión, sumiéndote en un estado de equilibrio y paz, de comunicación con la naturaleza y el mundo que te rodea con sólo 30 minutitos al día.

Descubrí que te vuelve más creativa, que aumenta la templanza, la paciencia, la paz interior… y te hace sentir día a día más satisfecha con tu vida… En realidad lo descubrieron otros, científicos que a lo largo del mundo han estudiado que cultivar un jardín es cultivar tu existencia y que esto pasa a todos y todas a lo largo y ancho de el mundo… Y yo ahora lo siento en mi piel haciéndome siempre más feliz a cada flor que nace.

Al leer aquel artículo y unos cuantos más después entendí porqué me había enganchado a esta práctica. Ahora entiendo a mi abuela, mi madre, mi tía, incluso a mi padre que con los años se ha aficionado igual y hoy anda compartiendo “macetitas” como loco en Facebook para dar los buenos días a sus amigos y no es casual, es su forma de transmitir un estado de ánimo, y ¡vaya si funciona!

Ahora entiendo las horas invertidas, el cariño dedicado, el goce con los resultados… delante de mis ojos que lo tuve siempre y hasta ahora no lo vi. Una vez más, nada en la vida pasa por casualidad y todo tiene un sentido. Justo en este momento de mi vida, necesitaba encontrar un espacio para la desconexión, para la paz, para cultivar mi equilibrio y aquí está… siempre estuvo, pero sólo ahora lo conseguí ver.

Abuelita, donde estés, cuánto recuerdo las millones de veces que me perdí entre tus flores, cuánta rabia me daba que me mandaran a regar, cómo disfrutabas tú cada tarde entre tus tesoros gracias por acompañarme ahora a mí en este que es mi momento.

Y a quien aún no pudo sentir los grandes beneficios de un jardín, le invito con mucho entusiasmo a hacer la prueba. En la medida que puedas, poco, mucho, una plantita, una flor, en cualquier rincón…científicamente comprobado… Para ser feliz, ¡cultiva un jardín!



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