Parejas controladoras

Te pregunto, ¿eres controlador(a)? ¿Has tenido alguna vez una pareja controladora?

¿A qué crees que se debe esta conducta?

Una persona controladora es aquella que pretende regular, organizar, dirigir y supervisar la vida de otro u otros. En una pareja se caracteriza por pretender dirigir y conocer lo que hace y dice la otra persona, y dependiendo del nivel de control que desee ejercer hay variaciones pudiendo llegar algunos, incluso, a límites de obsesión (incluida la violencia).

Detrás de una persona controladora existe un ser inseguro, temeroso de ser dañado, por lo que el control viene a funcionar como un mecanismo de defensa ante la posibilidad de ser dañado o abandonado. De este modo, la necesidad de controlar cobra prioridad sobre el amar a su pareja, y el amor que pueden dar está muy lejos de ser sano y funcional. De hecho, podríamos hablar de un amor tóxico desde el momento que mutila o minimiza al otro (a) para replegarlo a la dominación de quien ejerce el control. Este tipo de relaciones suelen ser muy desgastantes y agotadoras.

Otra característica de la persona controladora es que puede irritarse fácilmente cuando las cosas no se hacen como dice, o cuando le llevan la contraria, lo que a su vez puede generar temor de expresarles esas diferencias por lo desagradable que puede ser su reacción.

Algunas características o señales de las personas controladoras:

  1. Celos desmedidos: casi que te celan del aire que respiras, de tu trabajo, de tus amistades, de tus hobbies y de todo aquello que te reste tiempo o te distraiga de la relación.
  2. Necesidad de saber qué hace su pareja en todo momento: te manda mensajes, te llama, se acerca a donde estés, todo con el objetivo de verificar qué estás haciendo en cada momento. Quiere saber a dónde vas y con quién. Te llena de mensajes  y llamadas casi todo el día.
  3. Invasión de la privacidad: revisa tus cosas, tu móvil, tus redes, quiere tener tus contraseñas e, incluso, puede indicarte hasta cómo vestirte o llevar el cabello.
  4. Absorbe tu tiempo no dejándote espacio para compartir con otras personas o dedicarte a otras cosas que quieres hacer.
  5. Temes llevarle la contraria porque suele reaccionar en forma descontrolada.
  6. No negocia: sus exigencias son planteadas en forma impositiva, son órdenes, necesita que hagas lo que dice para poder estar bien.
  7. Amenaza con suicidarse si lo dejas: lo cual suele ser en la mayoría de los casos una forma de manipulación, de continuar con el control.

Para que una relación de este tipo permanezca debe existir un controlador y una persona que disfrute ser controlada.

En muchas ocasiones, el controlado, aunque sufra, no desea poner fin a la relación, se puede incluso llegar a acostumbrar a esa dominación como una manifestación de amor y en otras, basado en un pensamiento mágico sobre el amor, cree que esta persona en cualquier momento cambiará.  Suele ocurrir en este tipo de parejas que el controlador ve al otro como algo de su posesión y el otro se satisface en la idea de pertenecer a alguien, de modo que se unen dos inseguridades para dar origen a una relación poco sana.

Una relación de este tipo no es sana para ti, y puede que te cueste ponerle fin porque si bien puedes haber vivido muchas situaciones malas, no menos cierto es que también hubo situaciones buenas que vienen a la cabeza al terminar; si este es tu caso y no ves que tu pareja controladora está consciente de lo que hace, busca ayuda asistiendo a terapia y entendiendo que el sentido de pertenencia empieza en casa y no depende de otra persona, que el amor es respeto y confianza; que el amor es libertad y no un derecho de propiedad.



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