Paz y seguridad para siempre

Dentro de la jerarquía de las necesidades humanas, la seguridad (física, salud, recursos, protección) es una de las más importantes, tan solo superada en orden de prioridad por las necesidades  fisiológicas de respiración y alimentación, inevitables para el funcionamiento del ser humano.

El hombre, fuera de Dios, ha intentado satisfacer sus necesidades de seguridad en los elementos que reconoce a través de los sentidos o experiencias materiales: dinero, propiedades fortificadas, cursos de autorrealización, defensa personal, armas y otros, sin embargo, son todos estos tesoros que la polilla y el óxido corrompen, y los ladrones entran y roban (Mateo 6:19 DHH).

Si el Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas. (Salmos 127:1 DHH)

Vivir con confianza y seguridad es un signo de la paz. Sin la cobertura de Dios, nunca se alcanza la paz, la seguridad plena. El enemigo siempre está acechando para robarnos la paz, porque él solo vino para robar, matar y destruir. Si tu nación es víctima de la violencia, muerte y desolación es porque el pueblo cristiano no ha hecho su trabajo de intercesión ante Dios y ha permitido que el enemigo se extienda y ocupe el terreno sin mayor obstáculo.

¿Cómo desplegar la cobertura de Dios sobre nuestra nación?

La Palabra de Dios es clara en este sentido, todos los cristianos, los seguidores de Cristo, los que creemos que él es suficiente para todo y para todos, tenemos la tarea de interceder por nuestros semejantes y por nuestra nación. En 1 Timoteo 2:2 RVR encontramos instrucciones ciertas, precisas e indiscutibles:

Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.

El mensaje es claro: para vivir en paz, en reposo y que cese de la violencia, es imperativo que cada cristiano de tu nación levante manos santas en todo lugar y pida, ore y dé gracias al Señor nuestro Dios por todos los gobernantes y personas con autoridad o en puestos de decisión clave.

Solo Dios pone y quita autoridades. Pidamos por un mundo más justo, porque los gobernantes de cada nación tengan un corazón que agrade a Dios, por una Iglesia, Cuerpo de Cristo, unido y un liderazgo espiritual cada vez más fortalecido.



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