Pecados capitales en el trabajo

Inicio esta colaboración con estas preguntas:

¿Conoces en tu trabajo a alguien con estas “cualidades”?

  • La última soda del desierto
  • Los trepadores usando a quien sea como escalera
  • El o la “plus cuan perfecta”
  • El o la “futurista”

Solo por nombrar algunos. Pero esos son únicamente los síntomas que provocan estos males que debemos combatir, son pecados desde todo punto de vista que contaminan el ambiente laboral y no es precisamente la ignorancia o falta de experiencia, sino…

La envidia

Este es un mal que no solo corroe al que lo padece, sino que es como un ácido de batería que destruye todo lo que toca. Hay personas que hasta dejan de hacer lo que les corresponde hacer por estar “periscopeando” sin clemencia desde a los jefes hasta el último compañero que esté a su alcance.

Y ni qué hablar de la quejadera, producto de la envidia que los angustia porque otros tienen mejores salarios que ellos. Lo que pierden de vista estas personas envidiosas es que muchas veces lo que exitosamente hacen los demás del equipo, irremediablemente será de beneficio para ellos.

La soberbia

-“Sin mi esta oficina NO es nada.”

¿Qué tal la modestia? Este tipo de personas no pierden chance de buscar el estrellato cada vez que hablan con el supervisor o jefe, ellos son definitivamente la última soda del desierto y el trabajo en equipo no es precisamente la manera de lograr metas en la oficina.

Entre estos están los que han laborado por muchos años y se resisten a aprender de los que llegan con conocimientos nuevos y más preparación, casi los puedo escuchar diciendo:

-“Mmm, ese muchachito sabelotodo qué me puede enseñar a mi si yo llevo veinte años haciendo mi trabajo”.

Y ahí precisamente es donde esta el problema, lleva 20 años haciendo lo mismo y si no se actualiza y reconoce que puede ser bendecido por ese profesional nuevo, está en peligro de seguir estancado. Que ahora se note más y de pronto oiga un “good bye Charlie”.

No seas orgulloso. Sácale provecho a esta gente nueva que puede traer beneficios con sus aportes para el bien de la empresa.

El fosforito, que no es otra cosa más que la ira

Ese que explota por todo y que sus raíces de amargura vuelven el ambiente laboral un verdadero campo de batalla con pasaje en primera clase al infierno.

Yo suelo decir cuando estoy al borde: “Estoy a punto de un ataque de caspa”. Ojalá y el testarudo “fosforito” solo tuviera esto.

No se mide para atomizar el ambiente con su enojo y esto realmente no ayuda en nada, solo empeora las cosas. Hoy en día, las  personas están tan estresadas en sus trabajos que si tú eres uno de estos irascibles debes buscar ayuda pero al grito de ¡ya!.

Hay muchos cursos para aprender a controlar la ira.

Te anuncio que si no lo haces, más ira te va a dar cuando te llamen de Recursos Humanos y te manden a tu casa con una sanción (con suerte) o tal vez para siempre. Nadie tiene porque aguantar a un inmaduro.

Aquel que todo lo deja para mañana

El mañanero-futurista, y no porque se levante temprano, es aquel que solo saca la punta del pelo detrás de una pila de papeles y que puede hacer un clavado en la piscina de pendientes.

Probablemente será abanderado de:

“Por qué se preocupan si hay más tiempo que vida.”

empleado

¿Qué tal esta filosofía del vago?

Este flojo o floja obstaculiza el trabajo de los demás y como ya está identificado como el haragán de la oficina, nadie lo toma en cuenta para nada cuando hay oportunidad de proyectos especiales.

Me atrevo a decirte que si tu eres uno de estos y todavía estás en tu puesto de trabajo, más te vale poner tus “bardas en remojo”; esto no te durará para siempre. Muévete ya y comienza por organizar tu desorden y si necesitas ayuda ¡pídela!.

Por último: el lagarto Juancho trepador.

Son aquellos que todo lo quieren acaparar, son unos pulpos, una plaga. No les importa pasar sobre quien sea para lograr los beneficios que puedan y tienen personalidad de higuera: todo lo envuelven pero para mal.

Puedo decir que el éxito no se logra de un día para otro ni pisando a los demás. El éxito se logra con sabiduría, dedicación, perseverancia y hay que ganarse “el derecho de piso”.

Cierro este artículo deseando con todo mi corazón que seas honesto y desnudes tu alma con todas sus virtudes y malos hábitos, y si te sientes identificado con uno de estos pecados, que tengas el valor de enfrentarlo, buscar ayuda si la necesitas y tomar otro rumbo. Si no, puedo decirte que las filas del desempleo son muy largas y si te “dejas ir” de tu trabajo por conflictivo esto te perjudicará y para qué entonces llorar sobre la leche derramada.

Actúa ya antes de que sea tarde…
 



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