Perder el control no está mal

Al mirar el mundo a nuestro alrededor (o a través de nuestros dispositivos móviles) es muy probable que lo encontremos caótico, apto para llenarnos de ansiedad. No queremos entonces permitir que ese charco nos ensucie, y tan fácil como respirar echamos mano de pastillas y remedios para controlar nuestra mente ante cosas cuyo origen no está al alcance de nuestras manos.

Terminamos ampliando así la lista de patologías de las que tarde o temprano terminamos apropiándonos. Al querer controlarnos a nosotros mismos, cometemos desórdenes alimenticios. Tratamos de controlar a los demás, y resultamos alienándonos o inmersos en relaciones tóxicas. Buscamos controlar situaciones, y nos volvemos adicto al trabajo, y así.

Lo más delicado de todo esto es que, por nuestros propios medios, nos lanzamos de cabeza en una espiral en descenso mientras nos preocupamos por el futuro, olvidándonos del presente que, básicamente, es lo que determina nuestro mañana. ¿Quieres dejar de tratar de controlarlo todo un poco y vivir más el momento presente?

Aprende a relajarte. Diseña rutinas: en la mañana, tómate un café o un té acompañado de un buen desayuno. El punto acá no es qué tomes o comas, sino cómo: hazlo de lleno. No revises tus redes sociales o las noticias; incluso trata de hacerlo en silencio. Si tienes hijos o pareja, encuentra un receso en el trabajo y permítete estar, y nada más. Puede que te suene raro, o que en el momento salten a tu cabeza muchos pensamientos. Aprende a dejarlos ir, y relájate. Di: “no gracias”, y aprende a estar en paz.

Escribe o dibuja. Hazlo de manera intuitiva, de manera que no signifique una planificación de ningún tipo. Agarra un papel y un lápiz y escribe todo lo que se te pase por la cabeza, sin importar si tiene sentido, si es bonito o feo. Igual con la pintura: dibuja y ya. No te anticipes ni trates de controlarlo. La idea es que tu cerebro aprenda a dejar fluir la energía (puedes llamarlo arte, sabiduría innata, todas aplican) sin restricciones, entendiendo que lo que en ese momento ocurra es el producto del aquí y ahora. De paso, además, es posible que te salga algo bonito que hasta puedas compartir.

Aprende a dejarte ir, a rendirte. Rendirse no significa dejar que otros te controlen o soltar tu identidad. Resulta que el universo (o vida, energía de nuevo, Dios; aquello que no ves pero que sabes que está ahí, dentro y fuera de ti) tiene cosas preparadas para ti, y al querer controlar tu proceder de la manera en que la “sociedad” te ha enseñado (“ten una familia, una casa, un trabajo”), muchas veces dejas que estas oportunidades pasen de largo. Lo que dijo John Lennon: “la vida es aquello que te pasa mientras planeas tu vida”.



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