Perdona y perdónate para no recrear la historia

Hoy voy a escribir una parte de mi historia personal, y si bien no es lo más cómodo contar una historia íntima en forma pública, lo hago para poder ayudar a otras personas a sanar y espero que pueda ayudarte a ti que me lees.

Yo soy hija de inmigrantes italianos, la tercera de tres hijos, gestada en el vientre de una mujer maravillosa que decidió, ante el anuncio médico de un fibroma, embarazarse una vez más antes de seguir la recomendación de una histerectomía, razón por la cual dejó trascurrir tiempo valioso que hizo que este fibroma se transformara en cáncer, anticipando con ello el tiempo de gestación a ocho meses por un infarto de placenta, para luego abandonar este plano, después de vivir esta penosa enfermedad, cuando yo solo tenía nueve años.

Mi padre nunca fue muy cercano, siempre lo vi casi como que el esposo de mamá, poco comunicativo, poco afectuoso, iracundo, mujeriego y agresivo, lo que me llevó a vivir una infancia realmente terrible, dolorosa en la que la soledad y el abandono fueron mis compañeros inseparables.

Esta relación nunca sanó, lo intenté varias veces, pero cada intento parecía dar resultados peores que el otro, al punto de iniciar estudios de psicología en contra de su voluntad ya que consideraba que las mujeres nacieron para lavar y planchar y no para ir a la universidad.

Nuestra relación se basó en la ausencia, en largos períodos sin hablarnos, algunos períodos de reencuentro,  pero nunca un real acercamiento de almas. Dentro de esos reencuentros, el ultimo ocurrió pocos meses antes de su fallecimiento, de modo que pude estar a su lado horas antes partir, besarlo, acariciarlo y decirle: te perdono papá, perdóname a mí, ve con Dios, Dios existe (no creía en Dios).

Pensé que con esto era suficiente, que lo había perdonado y listo, pero no, no era suficiente. Además, una semana después tuve acceso a una carta donde él manifestaba que no sentía ser el padre de ninguno de sus tres hijos. Hasta el final lo acompañó la rabia, el dolor, que fue producto de su mente enferma por las vivencias de haber participado en la Segunda Guerra Mundial; nunca sanó esa experiencia, con el tiempo lo entendí.

Revisando mis relaciones de pareja con detalle pude observar que en cada una de mis parejas había algo de él. No creo que haya sido casual mi preferencia por los italianos; buscaba hombres poco comunicativos cuando yo amo una buena conversación; hombres poco afectuosos, hombres que solían abandonar.

Solemos repetir situaciones con personas diferentes para sanar aquello que tanto nos dolió, pero al no poder hacerlo con lo que dio origen al dolor, buscamos repetir y recrear episodios una y otra vez, causándonos más dolor. No es suficiente perdonar al otro, necesitamos liberarnos de la culpa sobre lo sucedido, y lo complejo de esto es que suele ser un proceso inconsciente, lo que hace necesario traerlo al nivel de consciencia para trabajarlo y sanarlo.

Es necesario el perdón personal, el lograr sanar la culpa desde el reconocimiento y la aceptación. Fue como fue porque tenía que ser, porque era su historia, sus vivencias, sus herramientas y es absurdo e insano anclarse en la culpa de lo que pudiste hacer diferente porque ya pasó, y si realmente deseas sanar y no repetir historias dolorosas una y otra vez el ejercicio es distinto; es sacar ese dolor del inconsciente, mirarlo a los ojos desde la más profunda compasión de tu alma, aceptarlo para poder perdonarlo, liberarte del peso de la culpa y desde allí darte el permiso de hacerlo diferente, de evolucionar, de dar un salto espiritual.

Para finalizar quiero dejar unas líneas a mi padre que espero pueda leer donde quiera que esté:

Querido papá:

Hoy quiero perdonarte desde lo más profundo de mi alma, decirte que lamento mucho el dolor de tus vivencias, el dolor de la guerra, de las muertes, el haber tenido que dejar tu tierra amada huyendo de tus raíces para encontrar un futuro mejor; hoy sé que nunca lo superaste, que el desarraigo te afectó hasta el último de tus días, lamento que no tuvieras ayuda psicológica para poder sanar tanto dolor. Te perdono y sé que hiciste lo mejor que pudiste hacer, y sé que no fui responsable, también hice lo mejor que pude hacer…

Te bendigo y te pido la bendición así como te pido permiso para hacerlo diferente.

¿Y tú? ¿A quién necesitas perdonar y en qué necesitas perdonarte?

Con amor



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