Perdonar es para los valientes que se saben amar

El ejercicio de perdonar es una manifestación de profundo y desprendido amor. A diferencia de lo que la mayoría de las personas creen, esa manifestación de amor es la que nos profesamos a nosotros mismos y no a los demás.

Solo el ejercicio del perdón auto otorgado es aquel que nos permite valorar cuánto nos amamos a nosotros mismos. Hacerlo nos permite abandonar los pensamientos punitivos de auto flagelación que creemos merecer por los errores y equivocaciones cometidas e incluso por haber permitido, según nuestro juez interior, que otras personas abusaran de nuestra confianza o que nos hicieran daño.

Los humanos somos jueces tan severos que si alguien nos genera algún daño, por ejemplo, físico o psicológico, podemos tender a pensar que de alguna forma fuimos nosotros mismos los responsables o causantes de ello, cómo la mujer maltratada que juzga que su marido la agrede porque ella no hizo lo que él quería y con ello no solo justifica el agravio de parte de él sino que también juzga que su accionar merece esas acciones. Entrando en un círculo vicioso terrible.

El perdón es un acto de misericordia y compasión al que todos deberíamos recurrir en nuestras vidas, pero ¿a cuántos de nosotros nos han enseñado sistemáticamente a conocer los beneficios del Perdón?. Socialmente podemos aprender que el perdón es una obligación, cómo cuando nos dicen “hijo perdona a tu hermano porque él es de tu propia sangre”, si bien es cierto que la finalidad en ello es buena, ya que se desea que ambos se reconcilien y se quieran, el objetivo del perdón no es hacerlo para que otros se sientan bien es para que nosotros podamos liberarnos de nuestros pensamientos negativos y con ello vaciemos el peso de nuestras mochilas emocionales.

Con cuál de éstas situaciones te identificas:

  1. Perdono pero no olvido: lo primero que debes saber es que el perdón es una renuncia tuya a mantenerte como esclavo de la situación que generó en ti la molestia y al hacerlo estás mejorando tu vida, no la de la persona a quién vas a perdonar. El perdón se hace desde el corazón no desde la arrogancia. El olvido no es el objetivo, lo que cambia es cómo recuerdas la situación, tú decides si lo haces desde el rencor o desde la compasión.
  2. Soy un(a) tonto(a), todo fue mi culpa: cuando te victimizas estás asumiendo la responsabilidad de las acciones de un tercero y tú no tienes ni el poder ni la responsabilidad para que otros actúen en tu contra. Es momento para que converses contigo y empieces a transitar el camino de la auto-compasión, solo el perdón puede hacer que tu carga emocional disminuya. Perdónate.
  3. Perdonar es para los débiles: No hay nadie más valiente que aquel que libera su corazón del odio y el rencor a través del verdadero perdón. Imagina, ¿Qué seria de Sudáfrica si Nelson Mandela quién fue torturado y humillado durante sus 27 años de reclusión no hubiese decidido abrazar el perdón en su corazón?, solo los valientes perdonan y conocen el verdadero amor.
  4. Te perdono para no discutir más: cuando juzgas que alguien te hizo un daño debes conversar y reclamar por el daño causado porque perdonar sin reclamar es un búmeran que retornará a ti. Te convertirás en esa persona que habiendo perdonado no deja de traer el tema ante cualquier discusión con la otra persona. La frase: “Te acuerdas aquella vez que tú….”


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