Pero es que no encajo

El invierno se aleja; ya salimos con cardigans y lentes de sol. Comemos helado de día y sopa de noche. El clima: ni muy frío ni muy caliente. Definición, definición, definición, Romina, definir qué queremos, qué somos, a dónde vamos o por lo menos en dónde estoy.

Es complicado definirse. En mi misión de vivir me he aventurado a comprar algo de ropa porque después de varios meses aquí he notado que mi personalidad es diferente a mi clóset y en un arranque de mujer al borde de un ataque de nervios y además sobreviviendo a medias un síndrome premenstrual apocalíptico se me ocurrió que era el momento preciso de hacerlo.

Dejo a mi novio y a mi grupo social para adentrarme en modo solitario por las calles de Portal del Ángel y luchar contra todos esos pensamientos suicidas de la mujer de mi edad y con el estado hormonal similar al mío. Entro a una tienda y comprendo que no tengo la edad para ponerme unos shorts que acentúan el pliegue de mis nalgas; tampoco es que me haga ilusión hacerlo.

Huyo rápidamente al departamento de adultas y después de cinco minutos comienzo a colapsar: tampoco tengo edad para esto. No tengo estilo, no sé ni siquiera qué quiero vestir, es una pesadilla autogenerada. Cojo lo primero que veo en las tallas de siempre y corro al probador buscando una vía de escape o al menos un cubículo lo suficientemente solo como para ponerme a huevear con el teléfono distrayéndome de la situación.

No me gusto, tengo celulitis, estoy demasiado pálida, ya me están saliendo pecas en el cuerpo, mis pies son inmensos ¡DIOS MIO, MIS PIES!, mis venas se marcan en mi cuerpo de lo blanca que soy, pecas, pecas, pecas… STOP.

Podría jurar que cualquiera con la habilidad de observar mi comportamiento y orden de pensamientos quedaría más confundido que adolescente intentando leer a Heidegger. Cierro los ojos por un instante, respiro profundo y pienso que es hora de abrirlos, y todo estará bien al hacerlo.

Veo mi cara en el reflejo y comienzo a observarla con detalle. Mis pecas no son feas después de todo. Mis ojos combinan con mi cabello. Soy naranja, eso es bonito. El lunar en mi barbilla siempre me ha causado risa, es tierno.

Pienso en todas las cosas alegres que vivo a diario sin preocuparme por mi aspecto (o por el aspecto que yo asumo tener). Las personas tenemos una constante idea de que no encajamos en ciertos estándares de belleza o conocimiento. Creo que es necesario que admitamos que nos vemos en el espejo buscando defectos en vez de reírnos con muecas o buscar esos detalles que nos gustan de nosotros mismos.

Salgo del probador con mi mejor cara de victoria, y con una prenda nueva y observo la línea de mujeres preocupadas por entrar a esas cajas del terror. Sonrío, pase la prueba más difícil: aceptarme como soy.

Días después, en casa, sin maquillaje y con mis lentes inmensos que lucen poco halagadores lo descubro a él observándome. Por un segundo entro en una zona nerviosa hasta que suelta con el tono más sincero del mundo que le encanta mi look de casa, que soy hermosa.

Recuerdo mi escena del probador, me río y agradezco internamente haber estado sola y poder mantenerlo en secreto.

Love, R.



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