Planifica tu menú

Planifica tu menú

Si ya andas en el tren de la comida sana, no ves nada complicado en lo que comes día a día. Ya el pan integral es el único pan que se ve en tu casa, tienes en tu nevera vegetales y frutas y te encanta comer pechuga de pollo con arroz integral a tu manera particular. ¡Finísimo! El rollo viene para los que se inician en esto del comer más sanito y sienten que toda la información se les viene encima, los abruma y más que simplificarle la vida, se las vuelve un ocho literalmente.

Siempre le digo a la gente que no es dejar de comer cosas, es hacer las elecciones correctas. Pero justamente esa parte de las “elecciones correctas” pueden ser las que te confunden. Porque correcto puede ser comerte una tortilla de papas y acompañarla con pan, si es que lo tienes cerca. Y de verdad que esa mezcla súper carbohidrato más carbohidrato no es la mejor del planeta. Si el planificar tu menú es un suplicio casi de novela, toma estos aspectos a consideración cuando quieras hacer un plan balanceado:

Busca variedad en lo básico: granos completos, colores en las frutas y vegetales y proteínas magras (¡no olvides las grasas saludables!). Cuando vayas al mercado dedícale un tiempo a la parte donde está lo fresco y no pases todo tu “paseo de automercado” en los estantes de lo procesado (bueno, no vayas a olvidar el jabón y el papel toilette).

Las porciones son importantes: lee la tabla nutricional de los alimentos, y ojo con eso. Si lees 100 calorías por porción, asegúrate que el producto que te vayas a comer no tenga 5 porciones, y más aún, no te las comas todas. Para lo demás, recuerda la división en tres de tu plato: en una mitad los vegetales, la otra mitad divídela en dos. En cada cuarto debe ir tu proteína y tus carbohidratos. Fíjate que esta porción se asemeje al tamaño de la palma de tu mano (¡sin los dedos!)… Y si todavía te confundes con las porciones, sin ir muy lejos puedes leer este artículo de Inspirulina que te dará una guía.

Haz el balance entre calorías: cuando te salgas de tu régimen, balancea la cosa. Si te quieres comer una pizza en el almuerzo, cena una ensalada. Si vas al festival de la comida frita y rebosada, gózalo, pero al menos no tomes refrescos con plomo (azúcar pues). Toma agua y te salvarás un bojote de calorías. No tienes que hacer un día completo una competencia de calorías.

Come de todo, pero las versiones más sanas: come carbohidratos, pero los integrales. Come proteínas, pero las magras. Come grasas, pero las buenas. Estar en forma no es dejar de comer algo, sólo comer las mejores versiones, y mientras más naturales y sanas, ¡más exitosas!

Centra tu comida en las frutas y vegetales: son fuente de vitaminas, nutrientes y hasta te ayudan a luchar con las enfermedades. Esto tiene que ser parte fundamental de tus comidas. Verás que mientras más vegetales comas, te sentirás más satisfecho, sin estar inflado como un balón.

Toma esas guías cuando armes tu menú para ti y para tu familia. Nada de fórmulas complicadas. Vas a ver que cuando te vas por sencillo resulta ser lo más sano.



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