¿Podemos creer en los milagros en nuestra salud?

¿Podemos creer en los milagros en nuestra salud?

Un milagro es un suceso, un evento que no puede explicarse por métodos científicos, y que solemos atribuir a una intervención divina, tal cual expresó Tomás de Aquino en su Suma de Teología, donde identifica un milagro como algo hecho por Dios más allá de las causas conocidas por los hombres.

En medicina son muchos los milagros que se reportan: situaciones donde no hay esperanza y se resuelven, curaciones que no eran posibles, pero que ocurren. La pregunta es: ¿de qué hablamos? ¿Milagro o sugestión?

No tengo la autoridad o el poder de la verdad, pero me atrevo a decir que esa sugestión es la certeza que proviene de la fe y del poder divino que todos poseemos, que muchos desconocemos y que en muchas ocasiones no sabemos utilizar por el miedo que suele embargarnos.

Muchos podemos entrar en oración, pero con miedo. Incluso ese miedo es comprensible ante los ojos de Dios si lo reconocemos y le pedimos compasión por ello, y si, aún desde el miedo, nos mantenemos aferrados a la fe, y desde allí a las señales que de seguro llegarán de distintas formas como ese médico que necesitabas, manifestaciones de afecto, esa palabra que te levanta cuando estás caído.

Desde la ansiedad no hay milagros, y eso lo he comprobado muchas veces en mi vida. ¿Por qué? Pues porque la ansiedad es miedo, y el miedo y la fe no son precisamente aliados. Ahora bien, si te diagnostican un problema de salud, ¿cómo tomártelo relajadamente? En mi caso resulta complejo, por lo menos en las primeras de cambio. Por ello creo que vivir el dolor, la ansiedad y el miedo no solo es inevitable, sino necesario, porque si no los atraviesas con humildad, no podrás entender cómo esa enfermedad llegó a ti.

Para poder entender lo que acabo de exponer debo explicarte mi razonamiento. Yo creo en Dios como padre, y difícilmente un padre quiera una enfermedad para su hijo. Somos nosotros quienes las creamos por procesos no sanados de nuestra alma; temores que arrastramos; culpa; odio; ausencia de perdón, y en definitiva falta de confianza y disfrute en el proceso de la vida. De modo que es necesario poder asimilar lo que esa enfermedad nos viene a entregar, tal cual un maestro llega a removernos la vida.

Navegamos en esas emociones, pero no podemos perder de vista la superficie, ese lugar donde debemos llegar para salir del ahogo y poder respirar. Es decir, nos tomamos nuestro tiempo, pero entendiendo que desde allí, ahogados, no podremos superarlo.

Yo creo en los milagros, pero para ellos debes tomar en cuenta las siguientes consideraciones:

1. Alejarte de la inmediatez, entender que no es tu tiempo, sino el tiempo adecuado, el tiempo requerido. La paciencia es muy importante, y dentro de ella perseverar, no darte por vencido en la creencia de que eso terrible que sientes que te está pasando responde a un plan superior, y de la mano de Dios verás las bendiciones y el entendimiento de que ocurrió por un bien superior.
2. Mantenerte en oración, y con esto no me refiero a las oraciones prestablecidas, sino esa comunicación íntima donde puedes conversar con Dios como un amigo, como un padre que te ama, y por supuesto con la certeza de que eso que le dices está siendo escuchado. Esa oración debe incluir el pedir ese milagro más que lamentarte o reclamar por lo que te está ocurriendo.
3. Estar pendiente de las señales, tanto mensajes de ayuda que seguramente te llegarán como te comentaba antes, hasta esas señales internas que provienen de tu alma que te indican eso que debes cambiar.
4. Agradecer: uno de los actos más potentes es el agradecer, incluso antes de que el milagro haya ocurrido; es un reforzamiento de la fe de que así será. El agradecimiento nos genera bienestar y confianza, así como la seguridad en el plan divino de Dios, tanto así que sin agradecimiento no hay cabida para milagros.

El Dr. Andrew Newberg, investigador del Hospital Thomas Jefferson en Pennsylvania, hizo un estudio que no compartió con nadie hasta no haber probado su teoría donde confirmó, después de varios casos analizados, que los pacientes que oran logran obtener cambios importantes en su salud; que el saber que existe un Dios capaz de sanarnos logra resultados positivos para su salud.

¿Milagro o sugestión? Yo prefiero verlo como milagros producto de la fe y la confianza absoluta del amor de nuestro creador que no nos desea enfermos, que la enfermedad la creamos nosotros cuando nuestra alma está enferma y que podemos sanar.

Es una batalla donde la duda se presentará bajo la forma de dolor o cualquier otro evento que te indique que la enfermedad está allí, pero Dios premia la perseverancia y la fe, de modo que es decisión de cada uno el creer y persistir o no.



Deja tus comentarios aquí: