Qué podemos hacer cuando nos sentimos tristes y apagados

Qué podemos hacer cuando nos sentimos tristes y apagados

He de comenzar reconociendo que tengo predisposición a la tristeza y que ha habido ocasiones en mi vida que me he sentido metida de lleno en una depresión; no de las mayores o severas, pero sí como resultado de situaciones que iban aconteciendo. Reacción frente a lo que sucede. Esto me llevó a interesarme por el desarrollo personal y la psicología desde muy joven y finalmente a estudiar la carrera ya pasados los 30 mientras trabajaba en algo que nada tenía que ver.

Además en mi familia hay tendencia a la depresión; ciertamente nunca me preocupó, no pensaba en ello hasta que hace unos cuatro años todo en mi vida se complicó hasta el punto que sentía que me metía en un pozo sin fondo y que lo único que me quedaba era hacer lo que de mí dependiera mientras me tocaba vivir esa situación.

Si puedo describirlo con pocas palabras serían: me abandoné. Me dejé estar y ser.

Sé que cuando te sientes triste y apagado es posible que no tengas ni ganas de leer este articulo para empezar. Pero hay que ir cambiando rutinas y hábitos que sabemos que nos harán sentir mejor.

En vez de responder a lo que nos sucede a partir de ciertos patrones de pensamientos, rutinas y hábitos que nos han llevado a ser como somos o hacer lo que hacemos, seremos proactivos y aquí volvemos al tema de dónde ponemos nuestra atención y qué nos decidimos, cómo nos hablamos.

Creo que en todos nosotros hay un centro, una esencia de lo que somos; esa conciencia permanece inmutable ante los muchos cambios que podamos acometer en nuestras vidas. Luego está la predisposición genética que para ciertas enfermedades o características es innegable. Pero lo que somos, la mayor parte de quienes somos, se ha ido construyendo en función de cómo hemos ido reaccionando antes los acontecimientos de nuestras vidas. Y si somos sinceros, si nos paramos a pensar solo un momento, nos llega de forma clara la certeza de que la mayor parte de nuestra vida hemos vivido en automático, reaccionando sin saber muchas veces por qué hacíamos las cosas de ciertas maneras o haciéndolas a posta porque así es cómo yo actúo, lo que me hacer ser como soy.

¿Qué pasaría si actuaras de otra manera? ¿Dejaría de haber congruencia entre quien crees que eres y la forma de actuar que ser así conlleva?

Os diré lo que yo empecé a hacer y sigo haciendo porque hay que mantenerlo en el tiempo.

Muy resumidamente: Leer, andar, comer, meditar y amar. Que no precisamente en ese orden.

Leyendo supe, por ejemplo, que cambiando la alimentación y siendo más activa podría nivelar cierta desequilibrio a nivel químico y hormonal. La mayor cantidad de serotonina se segrega en el sistema digestivo y un nivel adecuado de la misma en nuestro cuerpo es necesario para la sensación de bienestar; para el correcto funcionamiento de la interrelación del cerebro con el sistema digestivo.

Comencé a caminar y caminar, no tanto como Forrest Gump, pero según me iba pidiendo el cuerpo. Y todo el tiempo en el que iba caminando, acompañada de mis perras y empecé a fijarme en lo que me rodeaba y a salir de mi y de las rumiaciones del día a día, a tener consciencia de tu lugar en el espacio que te rodea y a disfrutar esos momentos, que es de lo que se trata. Además físicamente empecé a recuperar esa energía que notaba se me iba agotando.

Y leyendo mi mente se empezó a abrir a otras posibilidades: Epigenética, atención plena, meditación, visualización, yoga, cambio de hábitos, cuántica, consciencia, etc…

He dejado de identificarme con mis pensamientos, cuando siento cualquier emoción, incluida la tristeza, no intento reprimirla, ni rechazarla, la veo y la siento a mi mesa a comer y hasta le he dedicado un poema, está ahí es parte de mi igual que la alegría y otras emociones; pero no me identifico con ella, no soy yo. En esos momentos la siento, pero al dejar de darle importancia pasará porque todo pasa.

Esto es permitirte ser. Alguien podría decir: ¿y si te llega la ira también la permites ser?. Pues sí y al verla es cuando puedo dejarla ir porque no me identifico con ella. Incluso cuando reacciono con ira, me doy cuenta y ya está, no me machaco porque no es espiritual o cualquier etiqueta de este tipo. Somos personas. Vivimos en un cuerpo con unas determinadas características, potencialidades y maneras de percibir; mindfulness me ayudó a darme cuenta de que podía decidir donde poner mi atención, estaba bien como era y lo que sentía, pero desde ese punto de aceptación solo puedes crecer hacia la dirección que desees o quedarte quieta. Tu decides.

La mente igual que puede llegar a limitarnos a partir de patrones y hábitos repetitivos que tienen su función adaptativa; reconociéndolos y tratando de crear otros que nos hagan vivir más acorde a lo que queremos ser y cómo nos queremos sentir, podemos ir reconstruyendo quienes somos, moldearnos a nuestro gusto. Pero solo si quieres, no creo que sea obligatorio: si tú decides que quieres seguir “siendo como eres y actuando como lo haces” sin creer que tengas que cambiar absolutamente nada; no lo hagas.

Momentos de tristeza tenemos todos y bienvenidos sean, estar apagado y sin fuerzas o energía también nos sueles ocurrir en ocasiones. Pero ocurre que podemos quedarnos en esas situaciones y convertirse en sufrimiento. Es ahí donde nos toca decidir…

Y le toca el turno a amar, aunque creo que llevo escribiendo todo el tiempo sobre eso; cada palabra. A fin de cuentas tenemos que hablarnos bien, cuidarnos y de eso trata todo ¿no?

Así que ya sabes…siempre puedes leer, andar, comer, meditar y amar. En el orden que quieras.



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