El poder del NO

poder del no

NO es una de las palabras más cortas en nuestro idioma.  Tan solo una sílaba, solo dos letras.  Sin embargo, a veces es muy difícil decirla, nada que ver con su pronunciación, sino por la intención y la emocionalidad que conlleva.

Cuando tenemos que expresar ese NO a una persona amada, a un amigo, a un compañero de trabajo… el solo hecho de hacerlo puede hacernos sentir culpables.  La verdad es que a algunas personas les cuesta más decirlo que a otras. Si pensáramos la carga que implica decir SÍ todo el tiempo, nos daríamos cuenta del desgaste por sobrecarga que esa palabra y sus consecuencias implican.

A veces negarse o no tiene que ver con un tema de autoridad (mis padres, mi jefe), de compromiso (la maestra de mi hijo, el decano de la facultad), de visión a futuro (la persona que tiene el control de los préstamos en el banco, la secretaria de la oficina), de no herir sentimientos (mis hijos, mi esposo, la tía), a veces, incluso de temor (mi jefe, el gobierno, el médico); ustedes pueden colocar los personajes a los cuales nos cuesta decirles la famosa sílaba.

En algunas partes del mundo no es no; nadie trata de negociar esas dos letras por las dos del SÍ. No me imagino a un sueco o a un alemán insistiendo ante un no rotundo. Punto final es punto final.  Sin embargo, en nuestras culturas latinoamericanas hay una especie de regateo verbal y emocional que hace que aun habiendo dicho que no volvemos a caer en el ciclo que creíamos superado hacía un segundo, y hasta podemos llegar a cambiar una decisión casi sin darnos cuenta, arrepintiéndonos amargamente luego de haber caído.

Decir NO puede ser saludable y necesario.  Puedo recordar a mi mamá diciéndome “no es no, y no insistas”, y no había más discusión… igualita al alemán que mencioné en el párrafo anterior.  Según ella, ese NO iba a ayudarme a trabajar con serenidad y seguridad las situaciones difíciles de la vida.  Mi conclusión es que esas negaciones fueron buenas para ella y, en consecuencia, buenas para mí. A las pruebas me remito.

Sin duda alguna, existen personas que pueden “leer” o predecir nuestra dificultad con la palabrita y abusan de nuestra sincera disposición. Como resultado tenemos consecuencias  físicas y emocionales.  Podemos quedar agotados y sin fuerza,  o podemos sentirnos víctimas del abuso de ese otro que encontró un salvavidas en nosotros.

¿Flores para contrarestar el poder del NO?

Mimulus – si nos da miedo la persona a quien nos queremos negar, nos dará valentía serena y la capacidad de no temer a la posible reacción/consecuencia.

Centaury – si somos muy serviciales sin pensar en nosotros mismos, nos dará la capacidad de decir no…cómodamente.

Agrimony – si lo nuestro es evitar peleas o transitar las situaciones sin enfrentamientos o choques, nos ayudará a enfrentar situaciones de la mejor manera posible, sin disfrazar nuestras emociones.

Pine – si negarnos nos produce culpa, nos dará el entendimiento de nuestra responsabilidad real.  Nos ayudará a sentirnos livianos de equipaje.

Mi abuelita decía en su inmensa sabiduría “todos los días sale un tonto a la calle, quien lo agarre lo hará suyo”. Amigo lector, por su propia salud mental y física, comience a practicar el NO.



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