¡Ponte en mis zapatos!… Sí, pero ¡¿CÓMO?!

Sobre la empatía. Cómo desarrollar una habilidad basada en el respeto que pone a prueba cuánto realmente entendemos el sentimiento ajeno; cuánto canalizamos acciones en beneficio de otros y a partir del control de emociones propias.

¿Qué sentirías si fueses tú ese niño a quien hacen zancadillas todos los días en el colegio? ¿O si fueras esa señora a quien acaban de chocar, que está nerviosa y acalorada en medio del pesado tráfico? ¿Y si fueras aquel señor que perdió a su mejor amigo?

Ese es el tipo de preguntas que hago con frecuencia a mi hijo de ocho años. Lo hago para que, temprano en su vida, aprenda a sentirse y a sentir por el prójimo; para que desarrolle la esencial e innata capacidad humana de vivenciar, entender y comunicar emociones propias a partir del sentimiento ajeno, y viceversa.

De eso se trata la empatía. “Es una habilidad emocional y social que nos ayuda a sentir y comprender las emociones, intenciones, pensamientos y necesidades de otros de manera que podamos ofrecer apoyo y retroalimentación sensible, perceptiva y apropiada”. (1)

Tener empatía es tener conciencia emocional, sentida en el plano físico y vivida en el plano social. Es colocarse en la posición, en los zapatos del prójimo, dispuestos a interesarnos y sentir por él. Para que haya empatía, es necesario que exista interés y compromiso hacia el bienestar de la persona con quien nos relacionamos en un momento determinado. Tiene que haber identificación y vinculación. De lo contrario, serán la indiferencia o, en el peor de los casos, la agresividad las que prevalecerán en un intercambio humano dado.

De haber sintonía e interés, como en el caso de relaciones laborales, familiares o de amistad signadas por terrenos compartidos, la práctica empática no solo es factible, sino que puede ser desarrollada, dependiendo de la personalidad, grado de sensibilidad, capacidad perceptiva y autocontrol emocional de quien la proyecta.

Como habilidad social, el comportamiento empático adopta la perspectiva del interlocutor, interpretando y comprendiendo sus sentimientos y pensamientos de forma precisa; es muestra de sintonía y preocupación por el bienestar del otro, incluso conduce a vivenciar emociones ajenas.

La persona empática hace visible su propia empatía haciendo que el otro sepa que es comprendido, lo cual promueve una interacción bilateral sustentable.

¿Cómo desarrollar empatía?

Por naturaleza, algunas personas son más empáticas que otras. Incluso existen los “hiperempáticos” (2) quienes tienen una altísima capacidad de conexión con el sentir ajeno y quienes, por lo tanto, necesitan aprender a controlar impulsos humanitarios evitando el riesgo de hacerse daño a sí mismos.

La empatía puede ser aprendida, siempre que haya voluntad y respeto hacia la propia individualidad y hacia el espacio ajeno. Podemos desarrollarla, de forma intencional, cuando nuestro foco es cultivar relaciones saludables y productivas. La idea no es ayudar de forma incondicional corriendo el riesgo de interferir en nuestro bienestar. El propósito de un comportamiento empático es aportar beneficio a otros a partir del equilibrio personal.

El proceso empático se basa en nuestra capacidad de control emocional y se produce en dos etapas, la de percibir el sentimiento ajeno y la de comunicar entendimiento. Podemos entonces hablar de tres factores que nos ayudan a ponernos en los zapatos de otros:

1) Control emocional propio: búsqueda del equilibrio interno que aporta claridad mental y sienta base para la compasión y conexión con el sentimiento ajeno. ¿Cómo ejercemos control emocional? Poniendo en práctica las siguientes técnicas de mindfullness:

  • Aterrizaje mental: identificando emociones propias (positivas y negativas) y desarrollando conciencia corporal. Buscando foco, calma y estabilidad.
  • Límite del espacio individual: definiendo fronteras que creen un espacio interior privado y seguro, dictado por quiénes somos, dibujado donde comienza y donde termina nuestro propio yo. Más allá de expresar negación o decir no, se trata de actuar dentro de los límites de nuestras ideas, derechos, emociones o preferencias, generando balance entre nuestras necesidades y las de los demás.
  • Intencionalidad en actitudes y posturas: decidiendo cuándo ofrecer apoyo; escogiendo en cuáles casos expresar empatía, con base en límites personales, en el momento presente, protegiendo la autonomía personal.
  • Queja consciente: aceptando los problemas, errores y percances comunes de la cotidianidad. Abriendo espacio para la lamentación, la broma, la procrastinación, el descanso, el juicio, el chisme o la protesta. La queja consciente, siempre que sea limitada y honesta, revitaliza y aligera el sistema de creencias; genera libertad emocional.
  • Visión de un estado ideal: creando imágenes que representen lugares o condiciones deseadas, perfectas, ideales. Se trata de rejuvenecer el sistema emocional a partir de aspiraciones personales.

2) Percepción del sentimiento y pensamiento ajeno: disposición a observar, conectarse e interpretar el sistema ajeno de intenciones, sentimientos y consecuentes comportamientos.

El cuidado interpersonal se produce cuando existe genuino interés por alguien; cuando hay apreciación y respeto al derecho de este a ser como es, evitando resistencia a su esencia, demostrando aceptación aunque haya desacuerdo ante cualquier conducta o idea.

En interacciones personales o laborales, la afirmación del sentimiento ajeno sienta bases para intercambios basados en confianza mutua. Cuando hay equilibrio emocional propio se hace más natural el expresar afirmación hacia el sentir de otros.

3) Comunicación de entendimiento: expresión sensible del grado de comprensión e identificación con la situación del otro generando la confianza de este y reduciendo posibles grados de ansiedad. La comprensión empática implica:

  • Atención empática: estar con la otra persona, física y mentalmente. Identificar mensajes observables, verbales, no verbales o paralingüísticos que expresen emociones.
  • Escucha activa: más allá de la capacidad de reproducir lo que alguien haya expresado, se trata de leer entre líneas e interpretar lo que dice el interlocutor, sin juicio, demostrando respeto hacia sus sentimientos e ideas.
  • Verbalización sensible: utilizar lenguaje asertivo que valide la posición del otro, sin emisión de crítica.

El desempeño de una comunicación empática requiere de autocontrol en la reacción inmediata que pueda generar el comportamiento del interlocutor. La regulación de esta respuesta es más viable en la medida que haya control emocional personal, tal como fue mencionado en el primer factor de la práctica empática.

Para desarrollar empatía proyectémonos en situaciones retadoras a partir de la experiencia de terceros. Aceptemos que, como todos, somos vulnerables y susceptibles al riesgo. Ante tanto estímulo, ambición o agobio en nuestro día a día, no nos volvamos insensibles; no perdamos nuestra habilidad natural de entendernos, o de siquiera considerar el sentir de los demás.

Podemos recibir zancadillas, así como ocurre a otros. No ignoremos ninguna por ir tras un objetivo, por probar nuestra propia eficacia en este mundo de adultos ocupados.

Referencias:

(1) The Art of Empathy. A Complete Guide to Life´s Most Essential Skills”. Karla McLaren. SoundsTrue, Inc. 2013.

(2) Idem.

Estratégias de THS (Treinamento em Habilidades Sociais). Mônica Portella. CPAF-RJ (Centro de Psicologia Positiva Aplicada e Formação). 2011.



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