Ponte en su lugar

Ilustración de José Alejandro Ovalles [email protected]

Ponernos en el lugar de otros nos hace más humanos. Sentir sus emociones como nuestras y tener el impulso de hacer algo por su bienestar, es algo que está grabado en nuestros genes. Empatía es el nombre que recibe esta capacidad de salir de nuestra burbuja mental y abrirnos a otras personas. Lo maravilloso es que la empatía resulta contagiosa, expansiva y está en constante evolución.

Aunque cueste creerlo, nuestra especie ha desarrollado la empatía como ninguna otra. Esto ha ocurrido gracias a los cambios en nuestro cerebro y cultura. Por un lado, hemos aumentado las conexiones neuronales y la capacidad de racionamiento, pero también, hemos refinado los acuerdos sociales para contener las actitudes destructivas. No es una locura decir que la humanidad ha avanzado grandes pasos en la búsqueda de la paz.

pon-lug

Esto no lo invento yo, así lo dicen diversos estudios. Como escribe el español Eduard Punset en Viaje al optimismo «A pesar de la percepción engañosa de un aumento en los niveles de violencia, se están afianzando mayores niveles de empatía y altruismo en las sociedades modernas». Claro que las noticias parecieran contradecirlo. Pero por cada evento donde unas personas acaban o malogran las vidas de otros, hay decenas de muestras de compasión y solidaridad… aunque no generen titulares.

Esta capacidad de conectarnos para aliviar la situación de otra gente tiene la maravillosa cualidad de ser un proceso mental que no distingue lo físico de lo emocional: tanto el hambre que sufre una persona, como su dolor a causa de la pérdida de un ser querido, impacta nuestra mente con la misma energía y nos incita a actuar en consecuencia.

¿Un ejemplo? Desde hace un tiempo vengo apoyando a Esperanza Venezuela, una maravillosa iniciativa que aspira reducir los niveles de violencia al crear conciencia sobre sus efectos devastadores. Los personajes centrales son madres que han perdido a sus hijos en algún hecho violento. En estos momentos la campaña está centrada en el mensaje «Ponte en su lugar».

¿Podrías ponerte en el lugar de una madre que ha perdido un hijo, eres capaz de sentir ese dolor ajeno? ¿O lo has sentido tú en carne propia?

ponte-en-su-lugar

En mi caso posé ante las cámaras cubriendo la mitad de mi rostro con una impresión fotográfica de Nakuwaipa Gerdell, quien hoy tiene en su cuarto una foto de su hijo Diego, un velón y una flor. Eso fue cuanto le quedó de su hijo tras ser asesinado. Cuando vi los ojos de Naku me quedé clavado en el piso: allí había una emoción que no podían expresar las estadísticas, las crónicas de prensa o los informes de Derechos Humanos.

De alguna forma sentí lo que ella había sentido y ese impacto no lo olvidaré.

Los voluntarios de Esperanza Venezuela creen que el primer paso para construir la paz es que nos solidaricemos con quienes han perdido sus hijos a manos de las violencia. Yo estoy convencido que es así. Y mi mayor esperanza es que la empatía que nos hace tan humanos siga creciendo en todo el mundo para convertir el altruismo y la bondad en moneda de curso corriente

¿Difícil de creer? Mira bien a tu alrededor. Los ejemplos de solidaridad están en todas partes, a veces grandes, otros pequeños, esparciéndose como ondas en un océano muchas veces tormentoso. Y tú puedes ser parte de esa corriente. Tienes la capacidad de sentir.



Deja tus comentarios aquí: