¿Por qué a los niños les cuesta enfocarse en un objetivo?

¿Por qué a los niños les cuesta enfocarse en un objetivo?

Cuántas veces escucho a mamás, papás y adultos en general quejándose de que los niños dan muchas vueltas, se distraen, tardan un montón cuando les piden que coman, se alisten para salir, se vistan, lleven su abrigo, lonchera, mochila, es decir, se enfoquen en un objetivo. “Cada día lo mismo, se lo tengo que repetir cien veces y no hace caso, siempre está como en otro planeta hasta que le grito, porque si no, llegamos tarde”… cuentan algunos progenitores. Y es que como explica la doctora Alison Gopnik, autora de El filósofo entre pañales, niños y adultos somos dos formas diferentes de Homo sapiens. Ambos “tenemos mentes, cerebros y formas de consciencia muy diferentes aunque igual de complejas y poderosas”.

La infancia es un prolongado período de inmadurez que hace al ser humano muy dependiente de sus adultos cuidadores y que está íntimamente relacionado con nuestra capacidad humana de cambiar. La imaginación y el aprendizaje se relacionan y tienen muchas ventajas porque son funciones que permiten a los seres humanos adaptarnos a entornos más variados que cualquier otra especie. Además de transformarlos como ningún animal puede hacerlo. Esta capacidad se desarrolla durante la infancia cuando el cerebro está configurado para que la exploración y la imaginación sean protagónicas. Esta es la razón por la cual a los niños les cuesta mucho más enfocarse en un objetivo. Enfocarse es trabajo diseñado para el cerebro adulto ya maduro después de haber establecido el aprendizaje que le permitirá gestionar la capacidad de exploración y transformación establecidas a lo largo de la infancia. Gopnik explica que allí radica la razón por la que el juego constituye el rasgo distintivo de la infancia siendo la manifestación viva e invisible de la imaginación y el aprendizaje en funcionamiento. “La inutilidad paradójicamente útil de la inmadurez”.

Para usar la imaginación hay que disponer de tiempo y los niños están muy ocupados imaginando. Tal vez por esa razón los adultos deberíamos aceptar la necesidad de hacer amables recordatorios para sacarlos de su trabajo más importante y mantenerlos temporalmente enfocados en lo que les exigimos cada día.



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