Por qué el “aquí y ahora” no es lo único que importa

Por qué el “aquí y ahora” no es lo único que importa

En el entrenamiento en Atención Plena (Mindfulness) que impartimos los instructores decimos: estar aquí y ahora. Y enfatizamos esta expresión como la reivindicación del momento en el cual nos encontramos, ensanchándolo, abriéndolo en la percepción y en la experimentación.

Habitualmente utilizamos un cuadrito de este tipo, como el que propongo en mi libro Mindfulness, la meditación científica, para señalar los movimientos de la mente:

Diciendo con esto que la mente se va hacia aquello que le gusta (apego) o hacia aquello que le produce preocupación, incomodidad o dolor (aversión), estando por lo tanto alejada de la experiencia de la aceptación y asimismo escapando al pasado o al futuro, saliendo del presente.

Quizás esa es una indicación general, pero el pasado y el futuro sí que importan. Hablemos del pasado.

Presente sin pasado: la máxima para algunos

Muchas experiencias hermosas, de gran plenitud, pueden haber ocurrido en nuestras vidas. Muchas situaciones dolorosas pero de gran aprendizaje reposan en los vestigios de nuestro pasado. ¿Acaso deberíamos dejar bloqueadas esas memorias? ¿Tendríamos que “cortar por lo sano” y seguir, a cada momento, como una persona nueva?

Si bien la vivencia profunda del presente es maravillosa, a veces necesitamos detenernos, recordar y alimentarnos de la enseñanza de nuestros recuerdos. Un joven que me consultaba por sus estados de ansiedad y angustia hace unos años deseaba aprender mindfulness para “zambullirse plenamente” en el aquí y ahora, pero cuando exploramos su pasado reciente, rescatamos una pérdida no elaborada, una ausencia dolorosísima que nunca había cicatrizado: la de su padre. Un tipo genial, compañero, de grandes complicidades y que había enfermado y fallecido en apenas unos meses. De pronto, ese ser central en la vida del muchacho había desaparecido.

Cuando ese recuerdo aparecía en pequeñas dosis, como cuando llegaba a su casa y miraba el umbral donde su “viejo” lo esperaba, o cuando veía un partido de fútbol en la televisión o viajaba por la ruta a Mar del Plata, hacía fuerzas por eliminarlo. Se repetía: “aquí y ahora” como un mantra que espantaba el pasado. Pensaba que así trabajaba bien con su mente, que era lo necesario y hasta recomendable.

Habitualmente, reforzaba esto con frases de las redes que invocan el presente como única realidad. Así intentaba obtener un equilibrio precario, donde la poderosa memoria de un ser querido se veía recluida en el subsuelo de su mente.

Alimentar nuestro corazón de las memorias

Pero mi propuesta fue la de recordar. Recordar también es presente: es revivir, con actitud de respeto y amor, lo que experimenté pero en el aquí y ahora. Su padre, como ser grandioso para él, no “había sido” solamente ¡Seguía siendo! Y la forma de recrear la complicidad entre ambos, la mirada recíproca y el sentimiento genuino era recordándolo. Pasar por su corazón la vivencia de su padre significaba llevarlo con profundo afecto en su vida, sin por ello bloquear la aparición del presente, de lo nuevo, de lo surgente. Me mostró fotos, me contó historias con las manos temblando y sus ojos llorosos y así lo abrazó, lo trajo consigo y lo ennobleció a través del legado de su amor y sus obras.

Para mí, pasado y presente se integran, se abrazan en el corazón y nos fortalecen. Y el futuro, incluso, se perfila con mayor claridad en el entrevero de ambos. Todo es circular, dinámico, como la vida misma. Pasado, presente y futuro son conceptos. La mente que experimenta, con su naturaleza altruista y compasiva, es la única realidad.



Deja tus comentarios aquí: