¿Por qué me apego?

¿Por qué me apego?

Me apego al recuerdo de lo que viví cuando las cosas funcionaban; me apego a lo que no evolucionó y mi mente insiste en quedarse viviendo… recreando un pasado que ya no existe.

Me apego para evitar el dolor de la pérdida y sus consecuencias, porque en la evitación del dolor pienso erróneamente que puede estar mi felicidad.

Me apego por egoísmo, porque me cuesta soltar algo que pensé que era para mí… que era mío, cuando en realidad nadie me pertenece.

Insisto en apegarme aunque las cosas hayan cambiado drásticamente y yo no las acepte… a pesar del desmejoramiento de las mismas (y yo suplico inconscientemente en perpetuarlas).

Me apego por seguridad… porque esta es medianamente predecible y me hace sentir bien.

Me apego porque le doy demasiada importancia a lo que mi mente piensa y porque me cuesta desafiar mi propia intuición… esa que grita, e insisto callar metiéndola en un cajón para no escucharla.

Me apego porque no confío en que podría conseguirme a otra persona.

Me apego por no confiar en que Dios tiene algo mejor preparado para mí.

Me apego por inseguridades internas y falta de amor propio.

Me apego porque no me quiero hacer daño y tampoco al otro.

Me apego cuando me vuelvo víctima de mis circunstancias.

Me apego a mentiras, porque la verdad de mis actos y mis responsabilidades pueden ser muy duras y dolorosas para asimilarlas.

¿Cómo lo supero?

  • Identificando en estas reflexiones anteriores, cuáles son verdad para ti y enfrentarlas.
  • Siendo consciente de que el apego extremo hace daño, porque en muchos casos se pierde la individualidad, y como consecuencia se vive la vida y los deseos del otro y no los tuyos propios. Para superarlo, hay que revisar si te anulas constantemente y la infelicidad es la que domina tu vida a diario.
  • Buscando fortalecerte con una terapia, si sientes que solo no puedes hacerlo.
  • Documentándote más sobre estos temas para lograr una vida de pareja más sana, entendiendo que el buen relacionamiento comienza con uno mismo.
  • Entender que el amor del otro es un complemento y no una necesidad.

¿Cómo vivir un nuevo amor haciendo un balance entre el apego y el desapego?

Viviéndolo con la menor cantidad de expectativas posible, comenzando por no adelantarse a las situaciones que se quieren vivir con esa persona en el futuro… dando espacio a la magia del ahora, a dejarnos impresionar sobre cómo evoluciona la relación, sin proyectar el final de la película…

Apegarse al momento presente para luego soltarlo, aunque el amor tenga la necesidad de tener cada vez más y más. Recordar que el amor es siempre un proceso en constante transición, cambio y evolución, que lo que siento ahora va a cambiar, y lo que siente el otro también.

Mientras menos expectativas tengamos, mejor se vive el amor, y recordarlo a diario genera una gran sensación de libertad interna.

Mientras menos condiciones se pongan, mejor fluye todo…

Entregarse a las mieles del amor es acordarse de que a veces es dulce y a veces muy agrio. En ocasiones esperamos milagros, pero el verdadero milagro es el nacimiento del amor entre dos y mantenerlo en el tiempo si ambos se eligen constantemente.

Si no resulta o se dejan por cualquier motivo, estar agradecido por lo vivido, por las muchas sonrisas y momentos felices compartidos, sabiendo que algunos se convertirán quizás en lágrimas. Esto sucede como parte del equilibrio de nuestro destino, aunque lo que en realidad queramos es vivir en felicidad perpetua (el cuento de Disney), lo cual es imposible porque la vida es un balance entre luces y sombras.

No te quejes por lo que la vida te quita, y más bien ponle foco a lo que te regala a diario.

Cuanto más confiamos en el proceso de la vida, mientras más vivamos en agradecimiento diario y radical por todas las experiencias vividas, entenderemos que todo es parte de un plan perfecto del que somos parte.

Suelto, fluyo, libero y confío.



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