¿Por qué me cuesta amar a mis hermanos?

¿Sientes que a ratos amas a tus hermanos y a ratos los odias? ¿Te sientes culpable por sentir rabia y hasta envidia?

¿Sientes nostalgia porque aquellos hermanos tan unidos en la infancia hoy son dos o tres desconocidos que la vida encuentra en fechas como la navidad, año nuevo o semana santa,  en el mejor de los casos?

¿Cómo es esto posible si estos seres que hoy no se hablan ni se ven vinieron del mismo vientre?

Nada surge por azar. Cuando algo nos mueve (nos hace clic) es porque algo de eso que nos llama la atención está ocurriendo en nuestro entorno. Es probable que hayas tenido que distanciarte muy temprano de tu familia, o seas hijo único, o por el contrario estés esperando más de tus hermanos y hermanas o viste que el distanciamiento ocurrió con tus padres y tus tíos. Darte cuenta que deseas sanar esto es el primero de grandes pasos que te invito a dar 1 día a la vez.

Lo que te mueve está en ti. No todos los hermanos se distancian. Pero en tu mundo y creencias lo has visto así, porque posiblemente este patrón venga viajando en tu sistema familiar o porque vienes de una familia muy controladora en la que apenas llega la pubertad, el deseo de salir corriendo de allí es más fuerte que la lealtad. Y en efecto ocurre en algunas familias y en algunas culturas

¿Por qué? Hay respuestas diversas de acuerdo al contexto y enfoques con el que sea abordado.

Yo hablo como hermana y renacedora. La más frecuente es porque aunque vengamos del mismo vientre, nuestro modo de percibir la vida es muy particular e individual. No todos percibimos los acontecimientos de la misma manera. Tu posición en tu familia tiene mucho que ver también, si eres el mayor, el segundo, el del medio o el más pequeño. Hay ciertas opiniones que indican que los del medio suelen ser conciliadores.

Hay hermanos mayores que pagan el alto precio de haber venido primero. Los padres que nunca han tenido un hijo vuelcan sus inexperiencias en el primer bebé, se cometen errores por así decirlo que son corregidos en muchas ocasiones con los hermanos venideros. Y aunque creamos que estas diferencias no se notan, cada ser va captando su entorno de modo distinto.  No se trata de responsabilizar a los padres, para nada. Los padres desde su propia educación, experiencias y percepciones hacen lo mejor que saben y pueden.

La rivalidad fraterna ocurre porque cada hermano desea ser el único ante la mirada de sus padres, cada hermano maneja y gerencia su autoestima de modo diferente según fueron sus percepciones, cada hermano desea ser amado, y a veces sin querer ocurren comparaciones entre los miembros de una familia. Hay heridas que se llevan en silencio y que nunca podríamos imaginar que nuestros hermanos guardan para sí.

Existen las heridas y bloqueos relacionados con pérdidas de bebés por parte de nuestros padres antes o después de nuestra llegada lo cual amerita todo un artículo aparte. Los padres que reciben un bebé luego de una dolorosa pérdida tienden a sobreproteger al nuevo bebé lo cual puede generar roces ante otros miembros de la familia.

Hay hermanos resentidos porque asumieron cargas o responsabilidades con sus hermanos menores que no les correspondían.

Hay  movimientos que experimentamos que tienen que ver con nuestros guiones de nacimiento, si nacimos por cesárea, por parto normal, retrasado, cordón enrollado, fórceps; si nuestros padres estaban estables y felices en el momento de concebir a uno u a otro hermano, como me trataron en la escuela en comparación con mis hermanos, como sentí la aprobación o desaprobación de mis padres, entre otros inhibidores, todo eso impacta tu vida pero no lo tienes consciente.

Si en el seno de una familia se construyeron infancias felices, armoniosas, sin conflictos, es muy probable que la reunión en el útero (la casa materna y paterna) sea todo un regocijo. Pero en ocasiones esto no ha sido así, y si los miembros de la familia no sanan sus heridas es difícil el reencuentro.

Aparecen en la vida almas afines, amigos, parejas, otras responsabilidades que nos alejan de aquello que no deseamos ver.

Lo crucial es que si no sanamos con nuestros hermanos aquellas heridas «olvidadas», éstas reaparecen en nuestras relaciones laborales, en nuestras relaciones de pareja. Y como terapeuta comparto que debes ir a estas relaciones primarias o de origen para poder sanar lo que se te repite en la actualidad.

Buscar apoyo es esencial para lograr mirar y aceptar que la relación con tus hermanos aún te duele. Son tus compañeros de viaje estén cerca o lejos, lo que ves en ellos también tiene que ver contigo. Nunca estamos disgustados por la razón que creemos. Ir más allá para sanar será siempre liberador.



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