Por qué nos cuesta tanto reconocer

Errare humanum est… equivocarse es humano y todos lo hacemos, no pasa nada, pero sí es importante reconocer el error para aprender de él, evolucionar y no volver a caer en el mismo comportamiento oscuro.

Para muchas personas, sin embargo, reconocer que se han equivocado les resulta extremadamente difícil y lo convierten en una experiencia sumamente dolorosa.

No reconocer equivale a responsabilizar a otro o a algo exterior a nosotros por lo sucedido, sea lo que sea.

Por poner un ejemplo que lo ilustre, imagínate a una persona que ha tenido un pequeño accidente y ha golpeado al coche de delante. Lo habitual es que su diálogo se parezca a uno de estos: «es que había llovido y el asfalto estaba mojado», «un coche que venía de frente me deslumbró», «el muy… frenó de repente», «los frenos no han funcionado», «este coche es una porquería», «alguien me distrajo», «no debió pararse ahí», «la gente ya no sabe conducir», «mis lentillas están mal graduadas», «las pastillas que me recetó el médico para dormir están afectando a mis reflejos» o incluso, llegamos a acusar a una parte de nuestro cuerpo: «la pierna no me ha respondido». Todo con tal de convencernos de que nosotros no hemos sido los responsables, los culpables de nada.

Una respuesta dictada desde el corazón, libre de necesidades emocionales, se parecería más a esto: «sí, es verdad, no estaba atento y no he frenado a tiempo».

¿Qué lleva a este conductor como a tantas otras personas a tratar de poner la responsabilidad fuera?

El ser humano se siente culpable por múltiples razones: le educan para que sea perfecto cuando por naturaleza no lo es ni puede ser; siente que no está haciendo lo que se prometió como ser, nace con la memoria inconsciente de todos sus errores pasados y experiencias en la oscuridad en anteriores vidas… Y toda esta culpa le hace sentirse malo.

Interiormente siente que algo no va en él, pero no puede soportar la idea de que los demás también lo vean. Inseguro, teme perder el cariño de las personas que le importan si descubren que no es perfecto o al menos bueno.

Reconocer las equivocaciones equivaldría de algún modo a abrir esa puerta a toda la culpa, es como si dijésemos “sí, soy malo”, pero en nuestro fuero interno, en la perfección del núcleo de nuestro ser también sabemos que no somos malos, que solo nos hemos equivocado y que está bien así. El humano se siente en una encrucijada fruto de la confusión.

Cada vez que te des cuenta de que no estás reconociendo algo que tú hayas hecho o en lo que tengas al menos algún grado de responsabilidad, párate de inmediato, perdónate y reconoce tu error. Es sorprendente la cantidad de veces que creemos que alguien nos va a rechazar si reconocemos que nos hemos equivocado cuando es precisamente lo contrario: cuanto más reconocemos, más nos aprecian. Las personas aprecian la sinceridad y la humildad en los demás. Y, ¿por qué será?

Imagina que tu pareja se ha olvidado de vuestro aniversario y para tratar de arreglarlo se inventa una sarta de excusas a cual más increíble. Dado que es tu pareja, la quieres y conoces lo suficiente como para saber que lo que te cuenta no es cierto y eso te duele aún más que el olvido en sí. Y si en lugar de no reconocer que se ha olvidado, sencillamente te dijese: «es cierto, lo siento muchísimo mi vida, me he olvidado. Pero de lo que no me olvido nunca es del amor que siento por ti. Déjame compensarte ofreciéndote una romántica cena en el lugar donde nos conocimos». ¿Verdad que el resultado es totalmente distinto?

Retoma la comunicación con tu ser, perdónate por los años que has pasado dándote la espalda y retoma tu camino en la humildad de tu inmenso corazón.

Espero hayas disfrutado tanto leyéndolo como yo escribiéndolo para ti.

Paz y alegría



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