Por qué vamos a McDonald’s una vez al año

Los que nos conocen saben que nuestro blog está totalmente en contra de la comida rápida. Sin embargo, tenemos un ritual como familia, que consiste en comer en McDonald’s una vez al año. ¿Quieren saber por qué?
La primera razón por la que vamos a McDonald’s una vez al año es porque somos padres y humanos. Por lo tanto, en algún momento tenemos que dar respuesta a la pregunta que con frecuencia casi semanal hacen nuestros hijos: “¿Cuándo vamos a McDonald’s?”.

La segunda razón es que, como decíamos antes, lo convertimos en un rito. Por eso nuestra cita anual con la cadena de los arcos dorados es exactamente el domingo anterior al primer día de clases. Así esa incertidumbre que genera el inicio de un nuevo año escolar se ve atenuada por el aliciente de hacer algo por lo que han esperado todo el año.

La tercera razón es que se trata de una oportunidad educativa. Estamos opuestos a las cadenas de comida rápida, porque además de ser muy responsables de la epidemia de obesidad mundial, cometen un pecado aún mayor que es el de estandarizar los sabores. Sin embargo, es una oportunidad para enseñarle a los niños, nugget en la boca y menú en la mano, sobre los ingredientes (colorantes, químicos, etc.) y procesos (cría industrial de animales, condiciones laborales injustas) que implica la comida rápida.

La cuarta razón tienen que ver con la frecuencia. Es verdad, las cantidades de sal, azúcar, grasa y conservantes que tiene la comida rápida no son recomendables a ninguna edad. Pero si los niños comen de forma sana y variada los otros 364 días del año, los efectos de esa comida “mala” quedan compensados.

Y la quinta y última razón es que aprenden que alimentarse es un asunto de opciones. Es decir, la comida rápida es sabrosa, se consigue en todos lados, es barata y te regalan un juguete, pero hay muchas otras cosas que se pueden comer en el mundo y somos nosotros los que tenemos ese poder de decisión.

Alguien podría decir que aunque sea una sola vez al año, lo hacemos porque caímos en la enorme maquinaria de mercadeo de una industria inmoral que te atiborra de publicidad, y que además usa a los niños como señuelo. Y quizá tengan razón. Pero también es verdad que el resto del año comemos lo que nos da la gana.



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