Porque nada está escrito al viajar

Porque nada está escrito al viajar

“Si agarrara un avión y te alcanzara en Nueva York, ¿a dónde me llevarías?” me preguntó un amigo desde Caracas mientras me encontraba de vacaciones. Extrañado recibió por respuesta nombres de lugares que oía por primera vez como Williamsburg, por ejemplo; a lo que replicó casi automáticamente: “¿y por qué mejor no vamos al Empire State?”.

Cuando un turista piensa en la Gran Manzana como destino, se traza una agenda que la mayoría de las veces resulta repetitiva; ésta incluye: la Estatua de la Libertad (todo un clásico), el Puente de Brooklyn, la Zona Cero (donde hoy se alza un tributo a todas las víctimas que perecieron en el ataque a las Torres Gemelas), Little Italy, Chinatown, el MOMA, por supuesto el Empire State y Central Park, entre otros.

Sin duda, todos esos lugares son emblemáticos y tienen su encanto, pero me pregunto: ¿qué pasará cuando finalmente los visiten todos? ¿Qué hace el turista promedio? ¿Simplemente pone un “check” a NY en su lista de ciudades por conocer? ¡Craso error si es así, pues eso es apenas la aceituna de uno de los mejores martinis que se podrán tomar!

Las guías turísticas son un excelente primer acercamiento a un lugar desconocido para saber por dónde empezar a recorrerlo, pero después depende del viajero y su curiosidad descubrir en realidad la esencia del destino, y para ello nada mejor que hablar con los locales, agarrar un mapa, ponerse unos zapatos cómodos y lanzarse a caminar la ciudad haciendo paradas en cuanto rincón le llame la atención.

Y es que viajar termina siendo como tener una cita. En la primera salida nos limitamos a un abordaje bastante básico, pero si el “otro” nos “cautiva” ya queda de nosotros procurar conocerlo más a fondo… ¡grandes historias de amor pueden salir de este intento!

En mi caso, la primera vez que visité NY fue en el 2002 y desde entonces la visito con frecuencia, descubriendo cosas nuevas cada vez que voy. Lo único que siempre encuentro de forma invariable es ese perenne olor a pretzel quemado en las calles de Manhattan.

Si cabe una sugerencia para quienes estén por viajar a esta ciudad, les recomiendo dedicar una tarde a Williamsburg (su onda bohemia, mercaditos de comida orgánica y tiendas vintage y de segunda mano les encantará… eso sin hablar de los hipsters que ya de por sí son un atractivo muy característico del lugar); visitar el Bryant Park en la calle 42 (éste es un parque hermoso en el medio de una zona de oficinas que durante el verano está más vivo que nunca. En mi más reciente visita me senté en la grama a disfrutar del sol y de una muestra de danza gratis que allí se ofrecía, mientras curioseaba la práctica de un grupo de malabaristas reunido en uno de sus rincones. Cerré con broche de oro oyendo un concierto de piano mientras comía un snack), y justo al lado de este parque dense el gusto de entrar a la Public Library, una biblioteca majestuosa que invita a leer, nutrir el intelecto, desconectarse un poco de tanta tecnología y bullicio para sencillamente sumergirse en las letras. Además, en el lugar presentan exposiciones que son un tesoro como la que tuve oportunidad de ver sobre la vida y obra de Federico García Lorca, con manuscritos de su propio puño y letra.

En fin, estas son sólo unas sugerencias que lo único que esperan es abrir el apetito de los viajeros que hasta ahora podían parecer desganados. ¡Anímense a conocer más de lo que salta a la vista!



Deja tus comentarios aquí: