Presidentes de «peso»

En un hotel de Santiago tuve el honor de estar muy cerca de la elegante Cristine Lagarde, actual presidente del Fondo Monetario Internacional, que posó junto a la lamentable figura de la líder chilena, que mal asesorada se había «tapado» con un vestido floreado acampanado y chaqueta corta que no cerraba. La chilena estiraba infructuosamente su cuello hasta el límite, para no figurar tan distinta al charme de la francesa.

A la vez, observé la descuidada figura de varios de los presidentes que asistieron una vez más, a la reunión de UNASUR en Quito, así como los de las naciones que se hicieron presente en la cumbre por el cambio climático en Lima. Presidentes que gozando del privilegio de tener o acceder a un médico personal, nutricionista, personal training y atención de primera, no hacen el mínimo esfuerzo de voluntad personal para cuidar su salud y su estética.

La mayoría de los presidentes sudamericanos están fuera de peso y obesos en algunos casos. Imperdonable para un mandatario que representa los intereses, la salud y la cultura de una nación. Al considerar estadísticas crudas, de la FAO (Naciones Unidas), que establece que en la región, el sobrepeso afecta al 23% de los adultos y al 7% de los niños en edad preescolar, y que sentencia que Perú, Argentina y Chile encabezan la obesidad infantil y adolescente con el 10% de la población, o que en mayores de 20 años, México Barbados y Venezuela se ubican en el triste podio. O si tomo en cuenta otro dato alarmante que define que desde el año 1995, la población obesa creció un 99%, y que las personas con sobrepeso se incrementaron en un 9%, mostrar para estos líderes de Estado una figura saludable, es urgente e imperioso. Podría analizar las principales causas de esta pandemia.

Desde el incremento económico que permite que las clases más pobres tengan acceso a mayores posibilidades de comer fuera del hogar y que lo hacen preferentemente con comida chatarra (las cadenas de fast food crecieron en la región un 8%), hasta la enorme oferta de shopping que generan mayor sedentarismo. O, quizá el privilegio del consumo de alimentos procesados, en lugar de los frescos (están desapareciendo las ferias de los barrios), así como las mujeres que hoy están mayor tiempo fuera de casa, que impide supervisar de mejor manera la alimentación de sus hijos. El consumo alarmante de productos electrónicos (la industria creció un 16%, Chile lidera este ranking, seguido por Colombia y Brasil) hasta el crecimiento automotriz (7% anual sostenido), que impacta directamente en la actividad física de la gente.

También podría analizar que las expectativas son peores aún, ya que se espera que al 2017 se registre un crecimiento de 17% de obesos mayores de 15 años, lo que redondeará que un 68% de los latinoamericanos posean algún grado de sobrepeso. Pero mi reflexión va un poco más allá. ¿Qué hace que estos líderes (que en este caso no predican con el ejemplo), no cuiden su figura, no coman lo correcto, no ejerciten sus músculos? ¿Por qué se les notan tanto los guisos, las cazuelas, las feijoadas y las parrilladas en sus prominentes vientres?

Representan a todo un pueblo y ostentan una falta de cuidado en su imagen, irresponsable y deficiente comparados con otros como Humala en Perú, Santos en Colombia o Peña Nieto de México; Paulias en Grecia, Napolitano en Italia u Obama en Estados Unidos. ¿Cuál será la excusa favorita para usar varias tallas de más y no velar por proyectar una imagen saludable coherente a su discurso público? Mi primera hipótesis es que heredaron una mala educación nutricional infantil que fue impregnada en el fenotipo de sus generaciones, donde probablemente “la comida” no se dejaba en el plato. La segunda conclusión, es quizá un acto de rebeldía autoritaria: darse el permiso de lucir cualquier figura porque son los primeros de la pirámide estatal y la tercera teoría, es una inconstante falta de auto cuidado personal.

Aunque probablemente ellos, culpen a la “falta de tiempo” como la causa principal de su desarreglo físico, como si sus otros colegas delgados no tuviesen idénticas obligaciones. Estos mismos Jefes de Gobierno, son los que promulgan campañas de salud nutricional, de deporte y de buena alimentación. Ellos son los que sostienen que el Estado pierde mucho dinero con el sobrepeso y la obesidad de la población porque se gastan mucho más recursos a causa de enfermedades relacionadas y terapias de prolongado tratamiento. No solo hay que ser presidente señores, sino también parecer; rezaría el famoso dicho. Ustedes, han hecho caso omiso al refrán. No se quejen después si el pueblo juzga a su clase política. Actúen, en este aspecto, coherentemente al cargo. Ya es hora de que se pongan en línea.



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