¿Primero pienso luego siento o siento y luego actúo?

Decidir entre dejarnos llevar por nuestros sentimientos o emociones versus nuestra razón ha sido siempre una gran controversia, ¿no les parece? Mientras que, a quienes “llamamos”  personas “emocionales” no logran concebir la vida sin que los sentimientos sean parte de sus decisiones, las personas “llamadas” “prácticas” aparentemente no toman en cuenta las emociones cuando deciden. ¿A cual  grupo “crees” que perteneces? Estoy seguro que en algún momento has tenido una relación con otra persona donde ella/él es emocional o práctica y llega un momento en que no logras avanzar en la relación o en ocasiones más positivas has podido combinar esas diferencias para ser efectivos, cualquiera que sea el caso, las siguientes frases han estado incluidas:

  • “Si no me siento enamorado(a) de lo que hago entonces no puedo hacerlo”. “Tus palabras, como me viste, tus gestos, me hacen sentir…”. “… lo material no me importa, para mí es más importante sentirme tranquila(o)…”. “… cuando siento así es cuando las cosas son correctas y me salen bien…”.
  • “Para mí es como quitarme una camisa y ponerme otra…”, “siempre puedo comenzar de nuevo…”, “… la lógica, mi experiencia, la razón, la historia dice…”, “…déjame pensarlo y te digo”, “…debo poner en balanza lo bueno y lo malo”, “en papel me conviene…”.

Entonces, ¿primero siento y luego actúo o primero pienso y luego siento?, ¿debo declararme emocional en lugar de práctico o viceversa?, ¿debo cambiar, porque los prácticos sufren menos o debo ser más emocional para dejar de ser un robot?

Veamos este tema como los ciudadanos comunes que somos y tratemos de ver en la trampa que nos hemos colocado, ¿les parece?

Para comenzar, tomemos en cuenta que para la mayoría de nosotros las emociones y sentimientos tienen el mismo significado, sin embargo en la siguiente definición verán que los sentimientos son resultado de las emociones:

Emoción«

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del hombre cuando ve algo o una persona importante para ellos.

Psicológicamente, las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas guía de respuestas del individuo y activan redes asociativas relevantes en la memoria.

Fisiológicamente, las emociones organizan rápidamente las respuestas de distintos sistemas biológicos, incluidas las expresiones faciales, los músculos, la voz, la actividad del SNA y la del sistema endocrino, a fin de establecer un medio interno óptimo para el comportamiento más efectivo.

Conductualmente, las emociones sirven para establecer nuestra posición con respecto a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos, acciones, ideas y nos alejan de otros. Las emociones actúan también como depósito de influencias innatas y aprendidas, y poseen ciertas características invariables y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y culturas (Levenson, 1994).[1]

La última parte de esta definición nos sugiere que las emociones nacen en el pensamiento. Ahora piensen como Ma. Cristina (la loca de la azotea) realiza su gran labor desarrollando emociones invadidas por sus instrucciones.

Entonces, ¿siento y luego pienso?, ¿Mi emociones no son reales? o ¿Pienso y luego siento?

Para aquellos que me han seguido en todos los blogs de inspirulina o han leído mi libro “Una nota en la nevera”, saben de la importancia que le doy al “SER”. Es allí donde encontrarán respuestas a estas tres interrogantes, adviertan la trampa en la que cotidianamente nos encontramos siguiendo este mundo binario de lo bueno o lo malo y de lo que debemos hacer o no.

“La libertad se inicia en el pensamiento y nuestras emociones naturales, en ambos casos cuando están limpios de conceptos”.



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