PRIMUM NON NOCERE (Ante todo, no dañar)

¡

Nos graduamos! Terminamos la carrera!

Es la expresión típica de todo universitario pero, en el caso de los médicos, además nos permite sentir por primera vez que ahora sí merecemos llamarnos “Doctor” con todas las de la ley. ¡Ahora sí! con el alborozo y el temor de quien tiene entre sus manos la vida de un semejante. Allí comienzan las hazañas por encontrar un lugar apropiado para cumplir con otro requisito…¿Rural o Rotatorio? Sopesamos las ventajas y desventajas de uno y otro, preguntamos a nuestros recién estrenados y también estresados colegas: ¿metiste los papeles allá o acullá? A veces para darnos cuenta de que allí comenzaba también la competencia por la información, el promedio, el baremo y los contactos que cada uno poseía como tesorito bien guardado.

En fin, cada uno busca su camino y, de tanto en tanto, la vida, las experiencias, el universo, Dios o como quiera pensar cada quien, nos va llevando y corrigiendo (si dejamos que nos corrija, por supuesto), hasta encontrar lo que creemos que será nuestro modus vivendi final, sólo para darnos cuenta al poco tiempo de que siempre hay algo más…¿Qué pasaría si yo…? ¿Qué tal si hago…? Siempre pensando, siempre haciendo, siempre estudiando, siempre buscando. Lo cierto es, estimados colegas y amigos, que la “carrera de medicina” es realmente una carrera en el sentido estricto de la palabra, es una carrera contra el tiempo: estudiar, clases, guardias, cursos, congresos y un largo etcétera, además de tratar de tener una vida social y familiar más o menos aceptable.
Y uno cree que al graduarse la cosa se relaja y va a tener más tiempo…pues nos equivocamos profundamente, porque es ahí donde empieza la “carrera” bajo nuestra entera responsabilidad y criterio. Nos la ponen difícil, como subiendo por una escalera mecánica que va en bajada. Nos convertimos también en paños de lágrimas, confesores, profesores, consejeros en todo lo imaginable; muchas veces luchando para poner límites entre nuestra vida privada y el ejercicio profesional. ¡Qué difícil es separar los dilemas ajenos de los propios! Finalmente, aprendemos a respetar el libre albedrío de nuestros pacientes, pero siempre insistiendo en que hagan lo que consideramos mejor para su salud, según nuestra experiencia y conocimientos científicos, los cuales nos procuramos con esfuerzos y dedicación para “estar al día”.
Pero realmente, para cultivar la sabiduría médica, el “ojo clínico” y ser el excelente profesional de la salud que queremos llegar a ser, no sólo es muy importante la actualización científica continua, sino también cultural y humanística, pues como bien dijo José de Letamendi, (1828-1897), célebre médico español, «Quien sólo sabe de medicina, ni de medicina sabe». Cultivar la mente y el espíritu, no sólo para nuestro beneficio sino para el de nuestros pacientes, es una materia que jamás dejaremos de cursar, porque siempre habrá algo más que aprender y algo más que mejorar. Al decir: ¡Nos graduamos!, sólo lo estamos haciendo de la academia formal y obligatoria, pues luego de ello, hay otra poderosa razón que nos empuja a mejorar nuestro saber, ser y hacer: porque decidimos seguir el principio fundamental del ejercicio médico: Primum non nocereAnte todo, no hacer daño.

 

Curiosidades:

Primum non nocere es una máxima del ejercicio médico que, aún cuando se ha considerado parte del juramento hipocrático, no es así. Aparentemente fue utilizada por primera vez por Thomas Sydenham (1624-1689)(1,2). De acuerdo a los historiadores, Hipócrates menciona en su libro Epidemias (Libro I, Capítulo XI): “Ante la enfermedad, haga hábito de dos cosas, ayudar o al menos no dañar” (2). A final de cuentas, el objetivo de cualquiera de las dos menciones es el mismo…no dañar.

(1)    Smith M.D.,Cedric M. Origin and uses of primum non nocere-above all, do not harm! Journal of Clinical Pharmacology 2005; 45(4):371+.

(2)    Web. https://www.jiscmail.ac.uk/cgi-bin/webadmin?A2=evidence-based-health;c3a03880.0606

(3)    Web http://www.novusrx.com/About/primum/



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