Probióticos, ¿de qué se trata?

Probióticos, ¿de qué se trata?

Cada día le damos mayor importancia a una alimentación consciente, y en ese incursionar en nuevas formas de consumir o adoptar hábitos saludables, nuestra sociedad occidental viene coqueteando con los beneficios que aporta a nuestro organismo el incluir los probióticos o alimentos fermentados, costumbres bien arraigadas en otras culturas desde tiempos antiguos como la época romana, la antigua sociedad india, China y hasta los búlgaros y ucranianos.

Los alimentos probióticos, tales como la levadura de cerveza, el yogurt y alimentos fermentados como el kéfir, rejuvelac, chucrut, kimchi, por nombrar algunos, se caracterizan porque deben ser previamente fermentados para que nos proporcionen una cantidad de microorganismos benéficos para la flora intestinal y que favorezcan la absorción de nutrientes, reforzando nuestro sistema inmunológico y contribuyendo a la eliminación de toxinas.

Agregar estos alimentos a nuestra dieta es una decisión muy acertada, porque no solo se están ampliando las posibilidades a la hora de incluir un mayor número de nutrientes, sino que en el proceso de fermentación, se producen dos ácidos que son excelentes para nuestra salud, como son el ácido láctico y el acético, que, entre otras cosas, contribuyen a estimular las bacterias benéficas en el organismo, inhiben las bacterias patógenas, facilitan las asimilación de minerales, regulan el PH del cuerpo, potencian los beneficios de las vitaminas, son antioxidantes y contribuyen al equilibrio de una digestión saludable.

En el caso de las aguas enzimáticas como también se le conocen al kéfir y rejuvelac, regeneran la flora intestinal benéfica y estimulan las defensas del sistema inmunológico, aportando proteínas, carbohidratos, fosfatos, vitaminas, entre otros.

El kéfir es una bebida que ayuda a la digestión, con un sabor ligeramente ácido y gasificado, y se obtiene del cultivo de nódulos que se fermentan conjuntamente con agua, limón y frutas deshidratadas como dátiles, uvas pasas, higos, duraznos, etc., que contribuyen a endulzar y neutralizar el sabor producto de la fermentación. Para su elaboración se requiere por primera vez, adquirir los nódulos, posteriormente estos se multiplican producto de la fermentación. En un litro de agua, colocar tres cucharadas de nódulos de kéfir, el equivalente de frutas deshidratadas (se puede usar azúcar moreno o papelón) y medio limón. Dejar reposar durante 24 horas, remover y dejar macerar por 24 horas más, al cabo de este momento, se extraen con un colador los nódulos de kéfir, que se utilizan en un posterior cultivo; se cuela, se le agrega limón, y listo para el consumo.

El rejuvelac, por su parte, es el producto de remojo de semillas o granos germinados como mijo, lenteja, quínoa, amaranto, sésamo, en agua durante 48 horas, con un ligero sabor ácido. Por cada taza de semillas o granos germinados se utiliza un litro de agua.

Posteriormente se cuela, se le agrega el jugo de medio limón y se conserva en frasco de vidrio en la nevera. Las semillas germinadas se pueden utilizar nuevamente, cuidando de no enjuagarlas y agregando la mitad de agua usada en el cultivo inicial, a fin de obtener la misma calidad de rejuvelac.

Ambas bebidas se pueden combinar, o pueden ser base para la elaboración de batidos de frutas, sopas, cremas y hasta quesos vegetales.

En una próxima columna, hablaremos de los vegetales fermentados, sin embargo, es preciso el momento, para recomendar medidas simples pero de gran importancia cuando se elaboran alimentos o bebidas fermentadas: no emplear utensilios de metal, remover con cucharas de teflón, madera o plásticas, utilizar en el proceso de fermentación envases de vidrio con boca ancha y refrigerar preferiblemente en envases de vidrio herméticamente. Hasta una próxima oportunidad.



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