Procrastinador: es contigo

Procrastinador: es contigo

Si piensas que no es contigo, y entraste a leer este artículo por curiosidad, bienvenido. Te haremos la siguiente pregunta: ¿Te reconocerías en estas acciones que describiremos?:

  1. Lo voy a empezar la semana que viene, lo juro.
  2. Sé que tengo que arreglar el clóset. Cuando termine con la parte de abajo voy con lo demás [llevas meses con la parte de abajo].
  3. Ahora cuando haya organizado el archivador empiezo con aquello.

Y también llevas meses con el archivador. O con lo que sea. La Real Academia Española define la palabra “procrastinar” como: “diferir, aplazar”.

Una persona que procrastina se está mordiendo la cola, sin saberlo: en el momento de aplazar una tarea o pendiente siente un alivio, sin tomar en cuenta que la tarea seguirá pendiente, y que en el futuro regresará con más fuerza reclamando ser finiquitada.

Así, se crea un círculo vicioso que nos llena de angustia o desesperación ante la arremetida.

¿Qué se puede hacer entonces? Lo primero: ser honestos. Si has desarrollado experticia en el arte de diferir responsabilidades, es muy probable que seas experto también en vivir con estrés. Ahí está la clave: asumir que te produce malestar. Que es una conducta que no cede su espacio, y que siempre reclama más.

Asumirte como procrastinador será el primer paso para retirar la culpa y la vergüenza que sientes ante ti mismo cada vez que se produce la estocada del ciclo. Poder identificar esos sentimientos, así como la frustración que produce la tarea no lograda, te hará consciente de los efectos negativos que se producirán en ti. Eso es un buen primer paso.

Acto seguido, te tocará poner emoción en la tarea pendiente. Debes agarrarle el gusto, saber que te traerá bienestar, beneficios, y que ganarás muchas horas útiles. Visualiza la sensación de bienestar que tendrías al tener la tarea finalizada.

Trabaja duro: tu mejor aliado será tu fuerza de voluntad. Reúne todos los implementos que necesitas para entrompar lo pendiente, y hazlo. No divagues. Cierra las redes sociales, y recuerda siempre que ganarás tiempo para hacer otras cosas.

Toma cartas en el asunto: quítale las pilas al control del televisor, aparta de tu vista todo lo que te pueda distraer. Cuando estés concretando, reconoce el placer que produce la labor hecha, y trata de prolongarlo un poco más.

A todos nos ha pasado en algún momento, y no debemos sentirnos mal ni un segundo más por ello. Cambia los patrones y enfócate.

¡Sí se puede!



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