Puertas

El sol de color plateado, se alejó girando y se acerca, cambió al color azul, volvió a acercarse, giró como en una danza espiral, y cambió de color.
Ahora era de color amarillo. Se alejó una vez más, y luego volvió a quedarse quieto en lo alto del meridiano.
Y su color volvió al blanco brillante, y las nubes ya no estaban en un momento antes la lluvia, ahora el suave calor del sol.
La razón es que los hombres NO CONOCEN TODAS LAS LEYES DEL UNIVERSO, y existen leyes sutiles, leyes que regulan la existencia de seres y cosas en mundos superiores al nuestro.
Cuando las leyes se manifiestan en este cosmos por breves momentos, se produce un milagro. Es decir, una aparente ruptura del orden natural.
Así explican los milagros los propios yoguis de la india Paramahansa Yogananda…
Y tales manifestaciones de leyes sutiles son posibles a lo largo de toda la historia del hombre porque el universo mismo, al ser estructurado dejó abiertas las comunicaciones entre los mundos paralelos.
Existen puertas entre los mundos y los maestros acceden a conocimientos superiores, y al uso de poderes especiales.
Y esas puertas pueden ser utilizadas por seres superiores, para enviar ayuda como la danza del sol y su cambios de colores.
Y, desde luego, por un efecto molecular. Movió con su voluntad las moléculas de la atmósfera, compactándolas hasta formar un lente o un prisma a la altura de las nubes.
El aire mismo formó el medio transparente, el lente o prisma gigantesco necesario para modificar la luz, el color y la apariencia del sol e impresionar a la multitud, y decirle a todos, aquí estoy yo, me han visto realmente. Yo existo. No están solos.
Nada nos impide creer que eso es posible. Pero los milagros, no solo son fenómenos de laboratorio, son también signos, señales, mensajes de inteligencias invisibles y compasivas a quienes el destino de la humanidad no le es indiferente ni ajeno.



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