¿Qué es eso de doñificarse?

Ellas tienen más de 50, pero vibran con más intensidad que una de 18, están redefiniendo sus vidas, comenzando proyectos, cumpliendo sueños y, lo más interesante, no se han doñificado.

Hace casi 20 años, uno de esos profesores que jamás olvidas por su aguda inteligencia y extraordinarios análisis, planteaba que no podía comprender el proceso de doñificación de las mujeres, una vez pisaban la década de los 30.  Si hoy estuviera entre nosotros, diría luego de los 40 o 50. “Se ponen vestidos anchos, pierden la cintura, nos regañan por todo y se les olvida que fueron sexys ¿por qué?”, exclamaba casi con angustia.

Más allá de las cirugías, el botox y demás procesos anti-envejecimiento, creo que el no convertirnos en doñas es una cuestión de actitud ante la vida.

Mis amigas, además de ser bellas, se mantienen en forma, sueltan la carcajada por cualquier cosa, decidieron trabajar en lo que les gusta, disfrutan un buen vino, una grata conversa y siguen teniendo proyectos cualquier quinceañeras.  Incluso, a veces, todavía algún mesonero las trata de señoritas.

Del otro lado de la balanza, están las que solo se ocupan de los hijos, aunque ya estén grandes, se olvidaron de que tienen un cuerpo físico que necesita atención y su crecimiento personal y espiritual va en reversa. A muchas los maridos las dejaron por otras más jóvenes, y la constante en sus vidas es la frustración. Para mí esa es la verdadera doñificación, más allá de si son atractivas, delgadas o de cutis terso.

Es decir, perdieron el disfrute y las ilusiones; perdieron su mujerabilidad, esa que nos hace seguir creciendo y creando armonía en nuestro entorno.

Estoy convencida de que ocurre sin darnos cuenta, pero cuando abrimos los ojos, podemos hacer todos los cambios y volver a comenzar para que el natural paso de los años, en lugar de acabarnos nos nutra y poder transformarnos de doñitas a señoritas de alma.



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