¿Qué hacer con las críticas?

“Que hablen, bien o mal, pero que hablen”, dice un viejo refrán que seguramente han escuchado centenar de veces, pero ¿hasta dónde puede llegar el nivel de tolerancia tras recibir fuertes críticas? ¿Qué hacer con ellas luego de escucharlas? ¿Cómo ser inmune a las que no aportan nada bueno?

Sumar. Dependiendo la edad que tengas, habrás escuchado o leído que siempre hay que sumar. Sin embargo, en este transitar por la llamada “vida” nos encontraremos a los matemáticos que puedan empeñarse siempre en dividir o restar en el resto de la humanidad. Siempre será bueno restar malas energías, problemas, estrés, dividir sociedades, pensamientos y amores; pero no restar metas u objetivos personales, por solo mencionar algunas de las características que siempre habrá que procurar multiplicar.

La verdad es que algunos hemos desarrollado una especie de inmunidad ante las opiniones de terceros, que muchas veces es forjada como una coraza o protección que resguarda las emociones, sensibles a cualquier opinión que sea capaz de penetrar dicha armadura, la cual no se crea de un día para otro, no está hecha de hierro, ni de cuero, sino de las mismas críticas que han sido recibidas durante años.

Lo dice el pintor suizo, Friedrich Dürrenmatt: Uno está tan expuesto a la crítica como a la gripe”, de ahí la premisa de que uno no puede complacerlos a todos, ni tampoco andar por la vida tratando de simpatizarle al mundo entero. Hagas lo que hagas, recibirás una crítica, constructiva o destructiva, pero de tu capacidad de asimilación de la misma dependerá cuánto te construya o cuánto pueda destruirte. Escucharlas siempre será una buena opción, pues verdaderamente está bien que hablen de ti, pero cuando hablan mal, debemos entender que los “críticos” por naturaleza, sin fundamento ni argumento, solo reprochan el no tener las cualidades del criticado, es todo. Inmanuel Kant, el precursor del Criticismo, nos regala una frase de oro: “Con las piedras que con duro intento los críticos te lanzan, bien puedes erigirte un monumento”. Entonces, ¡manos a la obra y a construir, no hay tiempo que perder!

Podemos también desarrollar una especie de interpretación selectiva de cada crítica recibida, por más destructiva que sea, por más dolorosa que pueda percibirse. Extraer reflexiones que alimenten tu fuerza para hacerlo bien será el talento a desarrollar mientras armas la coraza de inmunidad. Como un traductor, adapta la crítica a lo que hagas, desecha lo inservible, salta el prejuicio y etiquetas y entiende el sentimiento con el que las recibes, más que a la misma frase que salió de otro pensamiento.

“El hombre de talento es naturalmente inclinado a la crítica, porque ve más cosas que los otros hombres y las ve mejor”. Montesquieu



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