¡Qué no me llamen más!

Desde hace cuatro años, estoy dedicando mi más grande esfuerzo a levantar mi empresa, Caracas Coaching. Desde hace cuatro años, invierto todo mi tiempo en lo más difícil: construir, y en lo más fácil de destruir: la fama. No vendo carros o comida, vendo imagen. Todo el valor de mi empresa está en la imagen que tratamos de dar, día tras día.

Y desde hace cuatro años, apuesto en lo que me parece lo más importante: dar un servicio de calidad. No solamente cumpliendo con las expectativas de mis clientes, sino transmitiendo la imagen de una empresa dedicada a sus clientes, pendiente de sus necesidades, capaz de cumplir con lo que se está diciendo y la agenda que se está planteando. Y en cuatro años, los resultados obtenidos por Caracas Coaching, dejan pensar que nuestros clientes valoran nuestra capacidad de reivindicar un código de ética y aplicarlo.

Nuestra forma de trabajar, en Caracas Coaching, hace que nos neguemos a enviar cualquier presupuesto sin haber visto por lo menos una vez a nuestros potenciales clientes, con el fin de hacer una propuesta la más cercana posible a las necesidades de la empresa que nos está solicitando. Durante esta primera entrevista, raras fueron las veces que el representante de la empresa visitada no se quejó de lo que se llama de forma común “la situación país”; explicando lo difícil de seguir creciendo en el marco de un contexto desfavorable. Yo, como extranjero, muy agradecido por todas las oportunidades que me ofreció este país, no me permití nunca opinar, de ninguna forma. Prefiero enfocarme siempre en lo que depende de mi propia responsabilidad, es decir generar empatía, meterme en los zapatos de mis clientes para ser capaz de ofrecerle el mejor servicio posible. Este compromiso cotidiano mío, todos lo valoran. Todos expresan lo importante que representa para ellos esta capacidad de sencillamente cumplir con mi palabra.

Lamentablemente, si todos lo valoran, pocos dan lo mismo. Empresas pequeñas o grandes, privadas o públicas, pocas son las que contestan presente cuando se trata de cumplir con sus deberes de clientes. De hecho, si uno tiene derechos, tiene también deberes. Entre otros, el hecho de tratar de forma correcta a su colaborador laboral, ya sea interno o externo. En lugar de eso, muchos se olvidan de cómo podrían hacer más fácil la vida de uno. A la hora de darte una repuesta se desaparecen, se comprometen a contratarte y se olvidan de ti, o sencillamente no dan más la cara a la hora de pagarte.

Cada vez que sucede esto, no puedo evitar recordarme de esa primera entrevista que tuvimos, donde mi interlocutor se quejaba de “la situación país”. Recordándome de ese momento, quisiera sencillamente decirle, hablando en criollo: “¡Deja de hablar paja!”. La situación país, la creamos día tras día con nuestra actitud. No es alguna fatalidad que te está cayendo encima. Tú eres parte de ella. Si realmente quieres un país mejor, empieza por tratar mejor a tu prójimo. Sé más empático. Ponte en sus zapatos, en lugar de pensar únicamente en ti. Porque no estás solo. Todos tenemos responsabilidad en la sociedad que queremos para nuestros hijos.

Articulo 1Mi abuela me decía: “No hagas a los demás lo que no quieren que los demás te hagan a ti”. Siempre me desempeñé como individuo bajo este concepto, y desde hace cuatro años, no dejé de pensar en mi empresa así. Crear una empresa que tenga una verdadera responsabilidad y coherencia social.

Así que, señores presidentes, directores o gerentes de empresas, si no piensan así, si no van a darnos lo que reivindican para ustedes, no me llamen más, por favor. Aquí está una empresa dispuesta a dar lo mejor para sus clientes. Pero bajo una sola condición: que el esfuerzo y respeto sean mutuo. Si es así será un gusto trabajar con ustedes, para las demás empresas, la competencia seguro estará muy feliz de atenderles.



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