¿Qué quieres ser cuando seas grande?

Desde que estaba niño, y estoy seguro que a ustedes también les paso, escuchaba la misma pregunta una y otra vez:

¿Qué quieres ser cuando seas grande? Mis padres, profesores, familiares y amigos todos con muy buenas intenciones querían algo en común: que desarrollara mis talentos para ser alguien en la vida.

La gran desventaja que veo en esta reiterativa pregunta es que “nos programa” para enfocarnos desde una edad muy temprana a centrarnos continuamente en el futuro.

Este pensamiento enfocado en el futuro se vuelve tan arraigado en nuestra psique que, inclusive si no tenemos una respuesta clara a “¿Qué quieres ser cuando seas grande?”, nuestros padres empiezan a preocuparse. Esta preocupación hace que creemos “un mapa mental” en crear una vida a futuro en lo que hacemos antes de trabajar en lo que realmente somos.

No me malinterpreten, yo creo totalmente en establecer metas y trabajar para lograrlas con dedicación y determinación. Sin embargo, creo que a veces estamos tan inmersos en anticiparnos a lo que nos espera que dejamos de disfrutar el viaje. Cuantas veces hemos escuchado frases como:

“Seré feliz cuando …”

Les aseguro que los últimos siete días hemos escuchado una frase similar.

Nos hemos obsesionado tanto con el futuro que la belleza del momento presente se nos está yendo de las manos.

Nuestro sentido de identidad se ha vuelto tan rígido con lo que estamos haciendo, que hemos fallado en darnos cuenta de que estamos siendo y peor aún, en lo que nos estamos convirtiendo. Y esto se los comento ya que definitivamente yo también he caído en esta trampa. Es más, estoy seguro que cuando nací, ya llegué preocupado por lo que iba a ser cuando fuera grande.

Me acuerdo que, en primer lugar, decidí que quería ser jugador de béisbol. Jugaba y jugaba porque soñaba ser como uno de esos grandes jugadores de grandes ligas. Luego, cuando la sociedad se apoderó de mí, decidí que nunca haría suficiente dinero como jugador de béisbol, y por eso me entretuvo la idea de convertirme en un ingeniero.

Esto me dio la respuesta perfecta a lo que iba a ser cuando fuera grande. Me gustaría obtener mi título de ingeniería industrial, además que había una herencia de familia de ingenieros industriales en masa y yo no me podía quedar atrás. ¿Qué podría ser mejor? Así que me puse en una odisea de ocho años para obtener mi título, mi visión estaba encerrada en un objetivo:

Obtener el título.

Obtener el título.

No importa lo que pase, obtener el título.

En 1994, por fin tengo el título. Después de casi diez años de trabajo en el mundo corporativo, me di cuenta de que la vida de ocho a seis no era para mí tampoco, así que dejé mi trabajo y asumí la identidad de “emprendedor”. He estado viviendo en esta visión ya más de trece años, y por fin caí en cuenta que ser “emprendedor” no es lo que soy sino lo que estoy siendo ahora desde hace unos cuatro años para acá.

Durante este viaje he descubierto que en vez de correr por el camino empresarial como un caballo con gríngolas, tengo que tomar el tiempo para disfrutar de este fantástico viaje. Si me envuelvo demasiado en los planes de negocio y planes de acción, empiezo a perder la noción de mi intuición,  que es esta la que me permite saber si estoy en el camino correcto.

Cuando me doy cuenta de mi obsesión con las metas y busco un espacio en mi agenda para disfrutar del momento, increíbles oportunidades se abren para mí, que me hacen hoy pensar cada día más en planes de negocio no lineales, renuncié a la linealidad de la vida.

No quiero que con este artículo sientan que esta es una historia de un antes y un después, ¡NO!, no se trata de eliminar todo lo que traemos, se trata de estar conectados con nuestra intuición y de no dejarnos llevar por la vorágine de la vida en busca de la palabra Éxito que siempre correrá mucho más rápido que nosotros.

De esto se trata la vida, de convertirnos en seres grandes, pero no por las cosas que hacemos sino por lo que verdaderamente somos.

Nos vemos en un próximo post.



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