Qué riñones tienes… o mejor dicho, ¿qué pasa en tu cotidianidad?

Qué riñones tienes… o mejor dicho, ¿qué pasa en tu cotidianidad?

Muchas veces escuchamos la expresión: ¡qué riñones tienes!, y usualmente se usa para referirse a una persona que no ha sabido reconocer de manera eficiente sus límites o que ha hecho algo que se considera inapropiado.

Fisiológicamente, los riñones son órganos situados en la pared abdominal posterior, debajo del estómago. Su función principal es la de excretar los desechos de la sangre y evacuar las sustancias extrañas introducidas al organismo (medicamentos y sustancias tóxicas). Además, efectúa la regulación de la presión osmótica de los líquidos corporales (mantiene el equilibrio del volumen y la presión de los líquidos del cuerpo). Son esenciales para la vida del individuo.

Los problemas renales están vinculados con la vivencia de incapacidad que siente la persona, inclusive de impotencia, para mantener el equilibrio emocional. También se relaciona con la dificultad que experimenta a la hora de tomar decisiones.

Es muy frecuente encontrar que las personas que padecen de los riñones tienen la vivencia de injusticia ante situaciones difíciles, están preocupadas por ayudar a los demás, inclusive a expensas propias (como en el caso del Mito de Prometeo). También puede ocurrir que el individuo tenga idealizada a la otra persona, y encuentra que la realidad dista de lo ideal. Sea la situación que sea, esta tiene repercusiones cotidianas y una vinculación significativa con la persona que padece de los riñones. Si los relacionamos con un tipo de personalidad diremos que son analistas, adaptativos, silentes, productivos, reguladores, trabajadores incansables y viven en la búsqueda constante del equilibrio.

El cálculo renal como patología más recurrente habla de la vivencia de rabia ante la incapacidad de solventar todos los elementos cotidianos idealizados, y en consecuencia no lograr ayudar al otro como se esperaba o de no recibir el reconocimiento por ello.

En el caso de la vejiga, es un depósito muscular donde se desagua la orina y la elimina en el acto de la micción. Este proceso se da de forma voluntaria y cuando los músculos están relajados, de lo contrario se contiene y evita la acción de orinar.

Emocionalmente, los problemas como la incontinencia reflejan cierto grado de frustración por la falta de liquidez económica y la dependencia que ello le genera, o también la vivencia de no tener el suficiente éxito financiero, que también se puede manifestar por el control exacerbado de los deseos que no se atreve a dejar fluir o soltar. El individuo no discierne entre qué deseos o necesidades priorizar para satisfacer. Las quiere todas resueltas de inmediato.

También encontramos que los problemas de incontinencia están presentes en aquellas personas que han perdido de una u otra manera su territorio emocional o territorio subjetivo. Por ejemplo, ocurre en los ancianos cuando, a pesar de ser nominalmente los dueños de la casa, ya no son quienes toman las decisiones, perdieron la potestad efectiva de moverse y delimitar su territorio, por lo cual van dejando su rastro (inconsciente) que dice «pasé por aquí y todavía me pertenece, ¡tómenme en cuenta!».



Deja tus comentarios aquí: