Qué son los virus mentales y cómo preservarte

Qué son los virus mentales y cómo preservarte

Al igual que los virus que afectan tu salud o aquellos que se propagan en Internet y complican nuestra computadora, los virus mentales constituyen un concepto derivado de la disciplina de la PNL (programación neurolingüística), y que, básicamente, están conformados por cadenas de creencias y paradigmas que actúan en forma nociva hacia la persona.

Esta denominación representa una forma de manifestación de la imposibilidad de avanzar en la vida, cuando se ponen frenos y todo tipo de limitaciones inconscientes, en niveles sutiles, hasta que se hacen más evidentes por el devastador resultado que producen, minando la voluntad hacedora y de autoestima.

Este tipo de virus mentales aparecen por distintos motivos. En general, por aprendizajes que cada persona ha obtenido entre el momento en que nació y los seis o siete años de vida, cuando se va conformando su estructura psíquica. Así, van configurando ciertos patrones que, llevados a la conducta, transforman en forma negativa los resultados de lo que se quiere lograr.

  • Te afectan más de lo que crees

Es muy frecuente en la sociedad actual que estos virus mentales afecten en forma negativa aspectos esenciales para el equilibrio vital, como la gestión de las emociones, la calidad de vida, y que impidan o trabajen en contra de los anhelos, deseos y planes de las personas.

Y son contagiosos, como cualquier virus: el entorno de estas personas afectadas por los virus mentales lo sufren en distinto grado, y son igualmente nocivos para los niños, adolescentes, adultos y abuelos.

De allí que es esencial trabajarlos, reconocerlos y desactivarlos para beneficiarse con una vida más plena y en equilibrio.

  • Ejemplos de su influencia con virulencia

Los virus mentales influyen negativamente en las personas. La culpa, el resentimiento, el miedo, el pensamiento negativo, la queja permanente, la inhabilidad para conectar con otros, la falta de comunicación y de empatía son algunos de estos virus que son tan frecuentes que, hasta socialmente, se los acepta como normales, cuando, en niveles que pasan los umbrales tolerables, se transforman en algo absolutamente limitante.

¿Y qué producen? La vida de las personas afectadas por los virus mentales suele tornarse gris, sin salidas aparentes. Además, produce un estado de acostumbramiento que deriva en un letargo paralizante, y que, al final, transforma al ser humano en un mediocre y conformista.

  • En lo que crees es en lo que te conviertes

Quienes lo padecen se excusan con frases muy recurrentes en su lenguaje o actitudes cotidianas, como “no sé que me pasa”, “me siento mal”, “tengo miedo”, “no sé”, “…pero”, y al final se trata de una cadena de inconformismo tal que el virus mental trae la inhabilidad para poder actuar en prácticamente cualquier campo vital.

De allí que la influencia es perniciosa, nociva, limitante e inhabilitante para construir una vida más íntegra, y emocionalmente estable.

  • Distintos tipos y combinaciones explosivas

Si bien hay muchas manifestaciones, las personas afectadas, por lo general, presentan combinaciones de virus mentales. Es raro encontrar en mi trabajo como coach profesional alguien que solo padezca uno de estos virus. Vienen en combo, y por lo general quien lo sufre lo arrastra desde hace muchos años.

En etapa de letargo, tardan mucho tiempo en detectar esta sintomatología, como si fuese un virus que ha invadido el cuerpo. El proceso es que el virus irrumpe con un desencadenante o patrón de creencias negativas en algún momento; puede haber estado latente o dormido, y luego despierta.

A modo de ejemplo, algunos de los más frecuentes en más del 55 % de los seres humanos son, además de los nombrados más arriba:

  • Apego al pasado (“todo tiempo pasado fue mejor”, “el presente es un desastre”).
  • Envidia.
  • Celos enfermizos.
  • Profecías acerca de tu futuro desastroso para la propia vida.
  • Agigantar los miedos a niveles de fantasía extrema
  • Enfocarse en las debilidades y no en las fortalezas (propias y ajenas).
  • Vivir buscando aprobación del otro.
  • Sentir que todos te deben algo.
  • Sentirte sometido por las circunstancias de la vida, del país, del gobierno, de la familia, pareja.
  • Jugar todo el tiempo el rol de víctima.
  • Tener sueños, pero no llevarlos a la acción concreta.
  • Pensar continuamente en el fracaso en lugar del éxito.

¿Siempre son negativos? La respuesta es sí, en tanto son limitantes del inmenso potencial humano. Sin embargo, si la persona asume con conciencia, constancia, perseverancia y actúa en consecuencia, puede transformar lo negativo en positivo, mediante un trabajo dedicado, exhaustivo y profundo para reconocerlos, desactivarlos y reemplazarlos por los antídotos apropiados. Por lo general, con la ayuda de psicoterapia en casos de disturbios emocionales severos o patologías de base. El coaching ejercido por un profesional de mucha experiencia también es útil para desarticular esta virulencia tan nociva.

  • Pasos para preservarte o recuperarte de los virus mentales

Para llevar adelante un proceso de autopreservación y recuperación del impacto de los virus mentales es necesario desarrollar, entre otras herramientas combinadas y probadas por su efectividad, un programa continuado que se componga de una serie de herramientas, entre ellas: técnicas de afrontamiento, visualización creativa, modelos mentales, neurocoaching 4D, manejo y control del estrés y la ansiedad (que siempre está en el futuro; así como la depresión siempre está originada en el pasado de la persona) y, especialmente, estrategias de reprogramación con programación neurolingüística.

  • Virus mentales en la empresa

Cada vez con mayor frecuencia, las empresas y organizaciones de distinto tipo se ven afectadas por virus mentales. Esta afección no solo debe atribuirse a quienes las encabezan, sino a todos los niveles de la organización, y aun a públicos externos que coadyuvan a estas manifestaciones; por ejemplo, presión sindical sin marcos lógicos, y entornos cambiantes permanentes que impiden cierta estabilidad en el rumbo.

En mi caso, aplico mi modelo de innovación emocional, que permite apoyar las fortalezas, y, desde ese empoderamiento positivo, ir desactivando las limitaciones que tienen los equipos de trabajo y cada persona en particular.

El clásico modelo víctima/protagonista, tan abordado en el coaching, la psicoterapia y otras disciplinas, a veces queda corto con la contundencia de la manifestación del virus mental que afecta a una persona. No se trata de un síntoma o un modelo mental exclusivamente, sino una combinación de estos. Por eso es esencial que quien trabaje apoyando a las personas tenga la experiencia específica y suficiente para acompañar el proceso.

  • 10 recomendaciones de prevención
  1. Mantener una posición abierta a los cambios. Practicar constantemente estos nuevos modelos mentales superadores.
  2. Trabajar sobre los comportamientos limitantes en general.
  3. Observar la prevalencia del miedo como condicionante del equilibrio vital.
  4. Nutrirse de disciplinas de introspección y profundidad interior.
  5. Estimular la toma de conciencia sobre el enorme potencial de cada ser humano.
  6. No minimizar lo que relata una persona desde su construcción de una autocharla negativa: es lo mejor que puede hacer hasta el momento.
  7. Utilizar técnicas que denomino de “ecología verbal”: cambiar el lenguaje permite flexibilizar los paradigmas mentales (esas creencias a las que una persona le ha dado tanto poder que ya son indiscutibles en su vida). Mejorar modelos de comunicación interpersonal. Utilizar feedback en forma asertiva. Reaprender conductas nocivas dentro de la organización. Hacer transversal todo el proceso, de arriba hacia abajo, y viceversa.
  8. Mejorar los entornos donde interactúa la persona: si se rodea de personas igualmente intoxicadas con virus mentales, es prácticamente imposible que pueda evolucionar.
  9. Llevar un registro de los avances por pequeños que sean. Crear espacios de diálogo para compartir experiencias.
  10. Aceptar y entender que los virus mentales nos afectan a todos: la clave está en qué hacemos con eso y cómo evitamos que invalide nuestra vida. Para eso, necesitamos hacer acciones diferentes para obtener resultados distintos.


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