¿Qué tal te sientes en ropa interior?

Reflexionando un poco sobre lo que me ha acontecido recientemente (dos meses) y rememorando un poco más allá, sale a mi encuentro la frase “Paz interior”.

Esta expresión se la escribí hace poco a una amiga en un mensaje, indicándole que me sentía muy tranquila y que tenía una paz interior que me hacía sentir feliz; ella me hizo la sugerencia de escribir sobre ello.

Para hacer este escrito me puse a pensar ¿qué me hace sentir asíy qué me había llevado a esa tranquilidad?, de esta forma podría contarles  y hacerles partícipes de mi historia, puesto que esta expresión lleva ya bastante tiempo rodando en los libros, redes sociales y en la mente de muchos.

Hurgando en el baúl de mis recuerdos me conseguí con algo peculiar que hacía hace mucho tiempo. Como empleada en una empresa y resposable de ciertas actividades, muchas veces me levantaba desanimada, algo estresada y preocupada por el día de trabajo y ya empezaba mal el día, lo que me hacía sumar  el problema típico de toda mujer -¿Qué me pongo?, toda la ropa que sacaba de mi armario sentía que me quedaba mal, nada me gustaba y allí descubrí que había algo que me cambiaba por completo; buscaba la ropa interior (literalmente) más bonita que tuviera en mi cajón, que para mi combinara, que fuese perfecta.

Me colocaba esta ropa, me veía al espejo y pensaba ¡Que bella es esta ropa!, no me quejaba de lo que no me gustaba de mi cuerpo, solo admiraba esa bonita ropa; luego me vestía con lo que antes consideraba no me quedaba bien y sonreía y me decía a mi misma -¡Estás loca, quizás hoy por fuera no te “gustes” mucho, pero por dentro vas genial!

Yo contaba esta experiencia a mis amigas y ellas se reían, pero era totalmente cierto, era como una especie de complicidad conmigo que me hacía sonreír, esto pasaba mi swich de off a on, mi estado de ánimo ya era difrente.

Ahora bien, ustedes dirán y ¿qué tiene que ver eso con tu paz interior?, aquí viene la explicación que luego yo le di a esa alegoría… Mi ropa interior.

Mi ropa interior me hacía sentir bien y hoy la analizo como ese “algo” que los demás no ven, pero yo se que llevo conmigo y lo reflejo externamente.

Es ese “algo” que me hace esbozar una sonrisa, me hace sentir cómoda, es solo para mi, conmigo se hace una sola, me da confianza.

Esas mismas características tiene Mi paz interior, está allí dentro de mi, los demás no la ven pero la perciben externamente y hasta se pueden preguntar -¿Por qué sonríe si todo está tan mal?

La paz interior pasa a ser ese equilibrio entre lo interno y lo externo, esa conciencia de confianza de que todo estará bien, todo es superable por muy oscuro que pinte el día. Obviamente hay días de llanto, de dolor, de pensamientos negativos, en los que quizás ya andas en la calle  y no puedes “cambiar” la ropa interior física que llevas puesta, pero si puedes volver a conectar con la que realmente le da la paz a tu ser; para ello te doy mis sugerencias, lo que a mi me ha resultado ahora que entendí lo que iba más allá de mi ropa:

  1. Identificar qué te da paz, que te hace sentir bien, más allá de lo físico, porque como dije antes, no siempre te puedes cambiar la ropa. En mi caso particular que profeso la religión católica, me da paz conversar un ratito con Dios, desde mi corazón decirle que es lo que siento.
  2. Meditar te brinda ese espacio de tiempo por pequeño que sea, que te regala serenidad y sobre todo te conecta contigo mismo.
  3. Vivir el presente, este paso para mi es el más difícil, vivo el 1 y el 2 y trato de que este sea imprescindible en mi vida; enfocándome en la lección de que el pasado ya pasó, toma de él las experiencias que te puedan servir para mejorar continuamente y el futuro solo considerálo para lo que tengas que hacer ahora que “facilite” este futuro, en caso de tener la oportunidad de vivirlo.
  4. Vivir la pequeñez, este paso me gusta mucho y trato de apreciarlo, valorarlo cada día. Recuerdo una frase del Evangelio de San Mateo escuchada en la iglesia que cita las palabras de Jesús: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.» Esto no quiere decir que nos quedemos siendo niños, sinó apreciar las pequeñas cosas como hacen ellos, rescatar su inocencia, su pasión, disfrutar, en fin alegrarnos por lo que tenemos, por lo que somos, permitirnos soñar con los pies en la tierra.
  5. Agradecer, el paso anterior nos lleva a este. Se agradecido hasta de los estornudos, cada experiencia da la oportunidad de aprendizaje y recuerda que muchas veces tu “basura” es el tesoro de otros.
  6. Mejorar continuamente procurando cambiar hábitos, actitudes y tratar de hacer las cosas mejor cada día. Empieza con pequeños cambios, quizás hasta tender la cama diariamente (si no lo haces) te aseguro te hará sentir mejor cuando vuelvas a casa agotado del trabajo del día y la veas perfectamente ordenada.
  7. Confiar, la confianza es nuestra base, nuestra esperanza de que todo irá mejor. El mejor ejemplo nos lo da la naturaleza…”por muy oscura que sea la noche, llega siempre el amanecer”. Yo, repito, deposito mi confianza en Dios y se que en algún momento mi plegaria será escuchada.

Quizás estés pensando -¡Si claro, como si fuera tan fácil no pensar en los problemas o quitárselos de encima pensando que todo saldrá bien o cambiando el color de mi ropa interior, será que esta vive en un mundo de fantasías y no tiene ningún problema”, es normal que lo pienses, porque ciertamente no es fácil; aquí solo te describo lo que yo soy lo que me ha resultado durante mucho tiempo; que he pasado por muchas situaciones, que resumiré un poco…

Desde hace 19 años sufro una enfermedad del sistema inmunológico llamada lupus (se controla pero no se cura), soy divorciada, renuncié a mi trabajo hace un año porque hay ciclos que deben ser cerrados para dar lugar a otros, adicional viajar a España a ayudar a mi hermana diagnostiada con linfoma Hodkings (a Dios gracias ya está bien), al día de hoy continúo sin empleo fijo, sin novio o un nuevo esposo, viviendo la enfermedad como si no cohabitara conmigo y padeciendo la difícil situación socio económica de los venezolanos, pero con una paz interior que va más allá  de la ropa interior que llevo puesta.

Descubrí que siendo mejor cada día, rodeándome de personas que me alegren el alma, no que me la carcoman, tratando a los demás como me gusta ser tratada, alcanzo el equilibrio deseado, ese que llamamos Paz interior, espero tú alcances la tuya y mientras aplicas estos tips empieza por cambiarle el color a tu ropa interior…hazte cómplice de ella.

Dedicado a mi querida Pepa Wellington



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