¿Qué tiene que ver la compasión con el Marketing?… Todo

Pema Chodrón, la reconocida autora budista, me marcó con estas hermosas palabras, las cuales no he podido sacar de mi cabeza. «La compasión no es una revelación entre sanador y herido, es una relación entre iguales»…»la compasión se torna real cuando reconocemos nuestra humanidad compartida».

El tema de la compasión siempre me resultó atractivo por la nobleza inherente de ayudar a quien lo necesita. Lo interesante del punto de vista de Chodrón es que en realidad nos ayudamos a nosotros mismos al ser compasivos, pues, lo que hacemos, es fortalecer la conexión que tenemos con «el todo». Es una visión que va mucho más allá de la «transacción» de dar limosna a un mendigo. Es reconocer que el  mendigo y quien da la limosna son la mismoa persona! y esto es muy poderoso. Somos uno y, por lo tanto, si ese mendigo no está bien, yo tampoco lo estoy.

¿Cómo se traspola esto a los negocios?

a9847b56f975a71c1a1cbfbe04b45990_resizedNo es solo que más empresas están manifestando más derivados de compasión, un ejemplo lo vemos con la Responsabilidad Social, sino que cada vez lo hacen mejor, con estándares más estrictos y más recursos. Por poner un ejemplo: las Naciones Unidas, con todas sus ONGs, maneja un presupuesto de 15 mil millones de dólares al año, mientras que, se estima que los programas de desarrollo comunitario de empresas privadas a nivel global, rondan los 59mil millones de dólares.

Siendo conscientes o no del contexto espiritual, las empresas están conectándose con ese «mendigo» lo ayudan, pero en el camino se ayudan más a si mismas. Una empresa que invierta en educación, salud y oportunidades en su comunidad, está pensando en establecerse por décadas, en ser trascendente y relevante para el lugar donde opera, y en ello contempla también a sus futuros empleados. La gente es la empresa y la empresa es la gente.

¿Y en marketing?

Si la cantidad de dinero que mueve la inversión comunitaria de las empresas privadas es gigantesca y sólo representa una porción de la inversión de la  misma, entonces no es difícil deducir que la inversión en el diseño, fabricación y comercialización del producto es aún mucho mayor.

¿Qué tal si, desde el comienzo, la razón de ser de la empresa y su producto o servicio fuera mejorar el mundo? ¿Qué tal si las gaseosas y las hamburguesas fueran nutritivas, éticas y ecológicas? ¿Cómo mejoraría eso al mundo? Y, por otro lado ¿Cómo puedo fortalecerse el producto con dicha integridad moral, hasta el punto de convertirlo en líder del mercado, capaz de abrir nuevos nichos?

No es imposible,

Un ejemplo emblemático es Timberland, quienes no solo aseguran que el zapato que disfrutas en la montaña o parque nacional sea cada vez más amigable con el ambiente, incrementado el porcentaje de materia prima reciclada que utiliza en la elaboración del calzado, sino que  invierten en un programa mundial de reforestación que promete sembrar 5 millones de árboles en 5 años en diversos países. Este espectro de bienestar desde la definición del producto hasta la RSE empodera al consumidor espiritualmente y le da sentido de pertenencia a la marca, ¿Casualmente? las acciones de Timberland en la bolsa de valores de Nueva York no paran de subir desde hace más de 10 años.

No me cabe duda de que la compasión que define Chodrón es la base filosófica de las empresas que pretenden ser trascendentales. En esta definición el «mendigo», o el consumidor (para el mercádologo) es el que ayuda a la empresa a ser virtuosa y lograr la genuina conexión consigo mismo.



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