¿Quién dijo miedo?

El miedo es una de las emociones básicas gracias a la cual el ser humano ha sobrevivido a lo largo de su historia. Para aproximarnos a esta distinción hacemos referencia a escritores como Walter Riso, Eckhart Tolle y Miriam Heller, quienes nos invitan a observar la diferencia entre el miedo biológico y el miedo psicológico.

“El miedo psicológico es la respuesta que, en la mayoría de los casos, nuestro cuerpo da ante falsas alarmas generadas en el neocortex cerebral. La mente se activa, genera la emoción del miedo y el cuerpo responde. El miedo biológico, en cambio, es la respuesta instintiva del cuerpo ante un riesgo real, sin intervención de la mente. Es un acto de amor de la madre naturaleza para protegernos”. Miriam Heller

Cuando hablamos de la emoción a nivel biológico nos referimos a una reacción visceral la cual pasa directamente desde el sistema límbico (parte del cerebro que regula las emociones, sensaciones, sentimientos) al sistema reptil o básico ( donde están los instintos y los hábitos) sin pasar por la neocorteza (donde se encuentra fundamentalmente la capacidad reflexiva). La función biológica del miedo es protegernos ante el peligro de un posible daño. Cuando estamos frente a un riesgo real, la respuesta es inmediata, la conducta es, esencialmente, reactiva. Es el miedo a lo que está ocurriendo en el momento presente. La actividad química del cerebro monitoreada por el sistema límbico dispara una sustancia llamada adrenalina, que nos prepara para agredir o para huir y a su vez genera cambios físicos: sudoración, temblor, respiración agitada, taquicardia, temblor…

En cambio, la emoción de tipo psicológica involucra pensamiento, pasa del neocortex al límbico. Este miedo surge hacia algo que podría ocurrir, coloca la mente en el futuro haciendo una proyección mental. Es una emoción que se pasea entre el pasado, alimentándose de las experiencias vividas personales o de otros y proyectándolas al futuro. Puede producir y disparar la misma cantidad de adrenalina, sin embargo, el cuerpo se paraliza. Como es una proyección, somos capaces de sostener tanto la emoción como la alta tensión corporal durante todo el tiempo ante lo que pensamos podría suceder.

Walter Riso sostiene que “el estrés puede definirse como una reacción de alarma persistente del organismo ante una situación evaluada como amenazante… un estado de tensión sostenido y perdurable, imposible de controlar es, definitivamente, desesperante”.

Defintivamente, este último es el que nos afecta de manera importante, nos mantiene en altos niveles de estrés, angustia, desesperación, ansiedad, nerviosismo y en una total desconexión con el momento presente.

Cuando observamos que estamos inmersos en esta modalidad, es importante realizar actividades que nos mantengan en el momento presente, recurrir a espacios de contemplación en contacto con la naturaleza, realizar respiración consciente en espacios de silencio, danzar, estar en actividades que nos conecten con el gozo y el disfrute. Así como también observar cuáles son esas explicaciones y juicios que activan el miedo frente a lo que vislumbramos pudiese ocurrir.

Por lo general, esta emoción está atada a un sentimiento de pérdida: poder, pareja, control, relaciones, economía, estatus. Sería interesante hacernos preguntas como: ¿Qué temo perder? ¿Qué temo que me falte? ¿Qué temo soltar?

Observar cuándo el miedo es psicológico nos ayuda a manejar de una forma diferente la incertidumbre. No podemos controlar lo que va a ocurrir, ni siquiera lo que en el momento presente está ocurriendo, lo que podemos hacer es mantener la confianza en que siempre vamos a tener las herramientas para abordar lo que esté por venir. Depende de mí la tensión corporal y emocional que le agrego. No podemos controlar lo que ocurre afuera, de seguro sí podemos manejar la manera cómo nos relacionamos con eso que ocurre.

Cuando esta emoción te aborde, busca estar en quietud un momento, cierra los ojos, toma conciencia de la respiración, cuando inhales tensa el cuerpo y al exhalar suelta toda la tensión de forma suave y lenta. Hazlo cuantas veces sea necesario hasta que tu corazón sonría y te diga… todo está bien tal y como es… ¿Quién dijo miedo?



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