¿Quién es el dueño del aprendizaje?

“- ¿No quieres empezar tu dibujo?

– Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer?

– No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra.

– ¿Y cómo lo hago? – preguntó.

– Como tú quieras, contestó.” 

La historia del niño que olvidó dibujar

Helen Buckley (1982) 

Estas tres líneas de diálogo, pertenecientes al relato que citamos (y que pueden conseguir completo aquí) sintetizan la manera que tenemos de abordar el hecho educativo en Jokoa.

Lo más importante tiene que ver con nuestra convicción de acompañar al participante en su experiencia de aprendizaje y no imponer una sola forma de hacer las cosas. Si nuestra prioridad es dar un espacio para que las personas descubran sus propios talentos, es indispensable que cada uno se sienta en la libertad de llevar a cabo los ejercicios o dinámicas a su propio ritmo y de su propia forma.

El niño de la historia, en un principio, posee la espontaneidad típica de los niños y comienza a dibujar según sus intereses y criterios. La primera maestra con la que se consigue en la primera escuela a la que va, le impone un método para dibujar, le restringe a una figura y a unos colores: una flor roja con tallo verde. Luego, cuando el chico va a otra escuela y la maestra le da la libertad de crear lo que mejor le parezca, el niño, perplejo, repite aquello que repitió tantas veces en la otra escuela: una flor roja con tallo verde.

Es una historia triste. Además, está planteada no como un gesto de violencia, ni nada parecido: se presenta más bien como una omisión, como una repetición automática de unos paradigmas educativos obsoletos que no se cuestionan. Entonces, nos ocurre con frecuencia que, cuando nuestros alumnos, los más jóvenes, los niños, vienen a nuestros talleres y les decimos que lo que sea que vayamos a hacer, un dibujo, un cuento, una fotografía, lo pueden hacer “como quieran”, en un principio se emocionan y manifiestan hasta un ímpetu para comenzar y luego, después de ver un rato la hoja en blanco, preguntan, como el niño del relato: “¿y cómo lo hago?”. La idea es que el cómo surja del mismo participante, que sea éste el verdadero dueño de su aprendizaje.

Si nuestra acepción preferida de creatividad es “la capacidad de resolver problemas de manera innovadora” debemos esforzarnos en propiciar la búsqueda del cómo más que su directa y fácil imposición. Incluso, dentro de nuestro quehacer cotidiano, nosotros mismos debemos muchas veces replantearnos situaciones que debían de resolverse de una forma y que terminan complicándose. En Jokoa somos partidarios de que no hay una respuesta correcta para las preguntas si no varias soluciones posibles. De nuestra experiencia como venezolanos, valoramos la capacidad de plantearnos siempre diversos panoramas y, en consecuencia, diversos planes para abordarlos: plan A, plan B, plan C… Afortunadamente hay 23 letras en el abecedario por explorar.

 



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