¿Quién es la otra?

Tenía 25 años y me iba a casar con el príncipe azul que había soñado, solo que, a unos pocos meses del gran día, una tarde me abrió la puerta de su apartamento otra con una camiseta mía puesta.

Asombro, lástima, indignación, son sólo algunas de las reacciones de la gente cuando se entera, pero esa herida ya no tiene ni cicatriz visible, gracias a Dios.

quien-es-la-otra2Lo interesante es que unos cuantos meses después, ya recuperándome, comencé a salir con otro y, un domingo cualquiera, al final de la tarde, estábamos en la sala de su casa decidiendo qué película ir a ver, cuando sin explicación alguna, me llevó hasta el balcón, me brindó un jugo, apagó todas las luces y aseguraba que el timbre que sonaba era en el apartamento de al lado, hasta que mi obvia claridad de escuchar no le permitió disimular más.

¡Pues sí! La escena parecía repetirse, sólo que en esta oportunidad la que estaba detrás de la puerta era yo, claro está, que sin la camiseta de ella.

Mi mujerabilidad de aquel momento no era tan sólida como ahora, pero sí lo suficientemente coherente para decirle –yo fui ella y sé lo que se siente, así que vas, le das la cara y la atiendes con decencia-. Acto seguido me llevó a mi casa y no salí más con él.

Años después nos reencontramos y me invitó un café, conversamos y me aseguró que había cambiado, que había comprendido que las mujeres merecemos respeto, lo cual aplaudí y comenzamos a ser amigos. Hace poco teníamos un evento de alguien en común, me planteó que fuéramos juntos y un día antes me comentó que iría otra amiga con nosotros, lo cual me pareció perfecto, solo que al conocerla se trataba de una muchacha de 26 años que lleva dos, sí, DOS años siendo su pareja.

No solo no había cambiado, pues ocultaba su relación, sino que además estaba con una «niña» 25 años menor que él, a quien dejaba sola para irse a hablar con sus amigos. ¿Ella? tranquilita, cuidando que no le fueran a montar cachos.

Me indigné, pero luego reflexioné: el día que dejemos de «cuidar al macho que tenemos al lado» como si fuera un niño que necesita que la mamá lo vigile para portarse bien, los hombres tendrán que madurar y dejar el juego de la infidelidad que tanto daño hace a todos los involucrados.

Haber estado en ambos bandos, sin planearlo, me permitió vivir la misma escena desde los dos puntos de vista, pero hoy estoy segura de que es uno solo, doloroso y frustrante para todos.quien-es-la-otra3

Me tomó años superar las infidelidades vividas, que no fueron pocas, pero hoy comprendo que fui co-responsable, tanto como la «noviecita» de mi amigo.

Sé que muchos están pensando que la infidelidad no es exclusividad de los hombres y es verdad; además, para que ocurra hace falta una mujer del otro lado de la puerta y lo importante es que decidamos, desde el Amor concreto, por nosotras mismas de qué lado deseamos estar.



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