¿Quién es realmente la víctima, mi ADN o yo?

¿Quién es realmente la víctima, mi ADN o yo?

Tradicionalmente nos enseñan que los genes determinan y controlan nuestra vida, que en ellos se inscriben todas nuestras capacidades y características, pero la medicina moderna, particularmente los estudios de Bruce Lipton, han demostrado que esto es falso. El factor genético es determinante para los rasgos físicos, pero no para los de personalidad, y menos aún para los de salud, física y emocional. Entonces, NO somos víctimas de nuestra genética, en realidad es el ADN el que está controlado o influenciado por el medio externo celular.

¿Qué significa eso? La célula es la vida, hablar de una célula es como hablar de una persona. Nosotros recibimos la información a través de los cinco sentidos, y las células reciben las señales del entorno a través de los receptores que captan la información. El ADN es controlado por señales que vienen desde fuera de la célula, incluyendo mensajes energéticos de nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los negativos.

¿Dónde están y actúan nuestras creencias? Los estudios del Dr. Lipton develaron una realidad que sorprendió y puso de patas arriba al mundo de la medicina, y es que las creencias no están en nuestra mente, están en nuestros músculos. Exactamente, leyeron bien, en nuestros músculos; es por ello que finalmente actuamos y reaccionamos en función de nuestras creencias primarias, esas que nos indican todo lo referente a ser feliz, ser próspero, cómo amar y ser amado, qué cosas merecemos y hasta dónde podemos llegar en nuestra vida.

Entonces, ¿somos lo que vivimos y pensamos? Sí, y cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología. Los estudios demuestran que las células cambian en función del entorno, es lo que llamamos epigenética. Epi significa por encima de la genética, más allá de ella.

Esto quiere decir que, según el entorno y como tú respondes al mundo, un gen puede crear 30.000 diferentes variaciones. Menos del 10 % del cáncer es heredado, es el estilo de vida lo que determina la genética.

Basándonos en lo anterior podemos concluir que es el entorno el que nos define y que aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma y transforma cotidianamente si así decidimos creerlo. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos víctimas de nuestras creencias… ¡Pero podemos cambiarlas!

Pero las creencias están inscritas en lo más profundo de nuestro subconsciente. Cierto, pero el subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95 % y el 99 % del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente, en particular lo que aprendimos como normas, valores y posibilidades durante los primeros siete años de vida. Por eso, cuando decidimos algo como ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos, o si aprendimos que la vida es dura o que no merecemos ser felices, pues no importará lo fuerte que nos esforcemos, al final nos guiaremos por nuestro aprendizaje interior que nos fija los límites y las posibilidades.

¿Entonces? Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad, y lo he comprobado a través de numerosos experimentos. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas.

¿Si cambio mi pensar y cambio mi ser? Así es como funciona el efecto placebo. Si pienso que una pastilla me puede sanar, me la tomo y me encuentro mejor. Sin embargo, el cambio de creencias no es solo decir en voz alta una nueva creencia. Implica interiorizar esa nueva creencia y reemplazar la anterior, va más allá de saber decir en voz alta lo que queremos, tiene que ver con el ser congruentes con ello en todos los aspectos; en lo que refiere al qué hacemos, si nos lo merecemos, si lo queremos, para qué lo queremos y si realmente sentimos que eso que decirnos que queremos nos lo merecemos y lo podemos llevar a cabo.

Podemos concluir entonces que mis creencias me modelan y determinan lo que me ocurre. Eso parece, al igual que los pensamientos positivos y el efecto placebo afectan a nuestra biología, existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño. Henry Ford decía que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón. Si eliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará.

¿Y eso por qué? Pues dado que la química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan, y la química que provoca el miedo hace que la célula colapse y eventualmente se debiliten a inclusive mueran; los pensamientos positivos son un imperativo biológico para una vida feliz y saludable. Existen dos mecanismos de supervivencia: el crecimiento y la protección, y ambos no pueden operar al mismo tiempo, aquí está la clave.

El principio es muy simple, o creces o te proteges, pero no puedes hacer ambos a la vez. Los procesos de crecimiento requieren un intercambio libre de información con el medio, la protección requiere el cierre completo del sistema. Una respuesta de protección mantenida inhibe la producción de energía necesaria para la vida.

Entonces, ¿qué significa prosperar? Significa que debemos entrar en contacto con la necesidad de buscar de forma activa la alegría y el amor, y llenar nuestra vida de estímulos que desencadenen procesos de crecimiento. Las hormonas del estrés coordinan la función de los órganos corporales e inhiben los procesos de crecimiento, suprimen por completo la actuación del sistema inmunológico.

Es muy sencillo y freudiano pensar que la culpa de todo la tienen los padres, y si bien es sabido que las percepciones que formamos durante los primeros seis o siete años de vida, que es cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida; la verdad es que cómo usamos lo que aprendemos es responsabilidad nuestra, y podemos usar nuestra historia para aprender de ella o para lastimarnos con ella.

Sin embargo, también es cierto que las creencias inconscientes se pasan de padres a hijos gracias al modelaje. Es por ello que conductas, comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro y controlan nuestra biología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla. Lo bueno es que una cualidad innata del cerebro es la de aprender; así que siempre le podemos enseñar o aprender algo nuevo.

Puede que se estén preguntando ¿cómo detectar creencias negativas?

La vida es un reflejo de la mente subconsciente, lo que nos funciona bien en la vida son esas cosas que el subconsciente te permite que funcionen, lo que requiere mucho esfuerzo son esas cosas que tu subconsciente no apoya. Si hay alguna parte de tu vida que esté en crisis, a nivel de pareja, en el trabajo, alguna enfermedad o inclusive la simple vivencia de no saber por qué, pero ser infeliz, pues esos son indicadores de que hay unas creencias limitantes actuando a nivel inconsciente que te están atacando en vez de apoyarte.

¿Debo doblegar a mi subconsciente? La idea no es librar una batalla personal, muy por el contrario, implica hacer las paces con uno mismo desde lo más profundo de nuestro ser y entonces, identificar cuáles creencias antes nos limitaban y bloqueaban, para ahora cambiarlas por aquellas que nos potencien y ayuden a lograr todo aquello que queremos, nos proponemos, y sentimos que merecemos… incluso más de lo que hemos llegado a soñar.



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