¿Quieres ser feliz? Activa la solidaridad

La receta mágica de la felicidad no existe, pero si es posible encontrar fórmulas efectivas. Ser una persona solidaria y confiable son dos ingredientes que ayudan al bienestar y la satisfacción con la vida. ¿Por qué? La primera razón es psicológica: una sociedad solidaria construye lazos sociales más fuertes y esto genera una mayor sensación de felicidad. La otra es hormonal. Cuando establecemos relaciones de confianza segregamos oxitocina, conocida como la droga del amor. Y esto nos hace sentir placer.

No es cuento, es ciencia. Para muestra dos botones.

El informe “La Felicidad y la percepción de la salud”, realizado por la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Coca-Cola de la Felicidad, asegura que el apoyo social nos hace sentir más optimistas, el optimismo nos hace sentir más felices y la felicidad nos hace sentirnos más saludables. ¡Esas son las matemáticas que nos gustan!.

La solidaridad tiene muchas maneras de expresarse y una de ellas es el altruismo. Josep María Serra Grabulosa, profesor de la Universidad de Barcelona, opina que “aunque uno a nivel individual piense que está haciendo poca cosa, está contribuyendo al bienestar de las personas y eso es algo que se distribuye y acaba construyendo una sociedad más solidaria y, por tanto, más feliz”.

El diccionario define el altruismo como “diligencia en procurar el bien ajeno aún a costa del propio”. Ser altruistas no es necesariamente sacrificado, en realidad, es un hábito muy simple. Tender una mano, compartir unas palabras, mostrar compasión o interés por otra persona son formas de tender puentes de humanidad. Y esa energía se multiplica.

Además, la solidaridad nos permite superar momentos dificultades, e incluso de enfermedades. El informe señala que las personas enfermas pueden sentirse más sanas que las que no lo están, independientemente de la gravedad del padecimiento. Y todo depende de cuánta contención social reciban. La diferencia está en esos lazos que tejemos con otros.

EL PLACER DE LA CONFIANZA

¿Por qué nos sentimos a gusto ante una persona que inspira confianza? La respuesta se encuentra en nuestras hormonas. Paul Zak, profesor de economía en Claremont Graduate Collegue y uno de los pioneros de la neuroeconomía, ha descubierto que cuando estamos ante alguien que nos genera confianza segregamos oxitocina.

Abundante en la mujer, sobre todo al momento del parto, la oxitocina es también segregada por el hombre después del orgasmo y en parejas que experimentan una profunda unión. Estudios señalan que las personas que segregan más oxitocina suelen sentirse más satisfechas con la vida, son más amigables y tienen mejor sexo.

Solidaridad-y-confianza-2Suena bien ¿no? Lo más interesante es que si el sentimiento de confianza es correspondido, la otra persona también segrega oxitocina y así se alimenta un círculo emotivo que abre puertas, corazones y billeteras (esto último encanta a los estafadores, pero ese es otro asunto).

Los alcances de esta reacción son muy grandes. La neuroeconomía es una ciencia que estudia el funcionamiento de nuestro cerebro y sus implicaciones en las relaciones sociales. El profesor Paul Zak ha trabajado por años en entender el impacto de la confianza interpersonal en el crecimiento de las naciones y sus hallazgos son fascinantes: el nivel de confianza determina la fuerza de los lazos social y las posibilidades de desarrollo de una comunidad. En la medida que exista mayor confianza entre las personas, se darán mejores relaciones económicas e interpersonales.

¿Es esa la comunidad en la que vives?

En Inspirulina pensamos que todo empieza por ser el cambio que deseamos ver en el mundo (la frase es de Gandhi) Y aunque como bien dice el profesor Grabulosa, no es posible evitar una gripe diciendo “voy a ser feliz”, también es cierto que si decidimos ser felices seremos capaces de establecer mejores relaciones con el entorno. Y eso se multiplica.

Es asunto de practicar la solidaridad y la confianza. Los resultados llegan.

 



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