Quiero ser

Hacer mil cosas a la vez, no parar un minuto, mucho estrés, mucha adrenalina, mucho todo. ¿Y al final?

Siempre me ha llamado la atención nuestra capacidad para alejarnos de nosotras mismas, de hacer y hacer, por aquello de la reivindicación de la mujer, pero ¿cuánto de eso que hacemos nos acerca a cumplir nuestros sueños?

Entre esas que no tienen ni un momento de descanso, busco miradas y al toparme con sus ojos, encuentro ansiedad, ese cansancio que parece eterno y tanto de frustración, que me provoca montarlas a todas en un autobús y llevarlas lejos, a meditar, descansar y encontrarse consigo mismas.

Hace 20 años hice exactamente eso. Tomé un avión y me fui sola a una posada en Mérida, cargada de dos libros, un montononón de lágrimas y toda mi soledad.

Es verdad que aquella soledad parecía eterna, pero nadie se daba cuenta ni era comprensible porque estaba con muchas, muchas tareas que hacer por minuto y, por lo tanto, con demasiada gente a mi alrededor.

Desde mi mamá hasta la más lejana de mis amistades, me criticaron, decían que cómo era posible eso de una mujer sola en una posada, lejos de la ciudad; que tuviera mucho cuidado y que definitivamente había perdido el juicio.

Creánme que lo hubiera perdido si no hubiese decidido buscarme, si mi mujerabilidad, nada sólida en aquel momento, no se hubiera asomado para decirme: ¡hey! ¿quién eres? ¿qué quieres? ¿para cuándo vas a dejar tus sueños de verdad?

Por supuesto que con un viajecito de 72 horas, mucho verde y mucho llanto, no se logra, pero ¡cómo ayuda!

Aquella vez, aunque todavía era muy joven, entendí que no iba a poder sola, que necesitaba ayuda psicológica, que la película de mi vida estaba siendo muy truculenta –¡y lo que me faltaba!-, pero que yo quería algo diferente. Quería hacer desde mi ser y no desde el deber o desde la huida de mí misma.

Hoy, luego de cuatro lustros, más soledades, incontables lágrimas y unas cuantas paradas obligadas, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que soy. Que hago a partir de eso que soy, pero por sobre todas las cosas, soy feliz.

Mañana no importa. Honro mi pasado, pues me enseñó y, todavía cuando lo recuerdo, sigo aprendiendo de él.

Hoy soy quien quiero SER.



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