Quietitos, en el medio

Los extremos, cualquiera que sea, nos pierden.

Podemos ser personas tan metidas en lo interno, que puede que la vida externa se nos caiga a pedacitos. O puede que seamos tan dependientes de lo externo, de nuestra profesión, las apariencias o los «deber ser», que lo interno esta vacío.

Ninguno extremo nos lleva a la evolución, sino el camino del medio.

Sé lo difícil que es elegir no irse a los extremos. Es tan difícil no dejarse arrastrar por un enojo tanto como lo es dejarse llevar por un enamoramiento.

Entonces, ¿cómo podemos elegir el camino del medio en un mundo que tiene una pata en cada extremo? Dejando que el drama no sea parte de nuestra vida. Sí, para llegar a los extremos necesitamos drama, contenido, exageración y mucho apasionamiento. Pero si comenzamos a escucharnos las historias que nos contamos, en lugar de vivir la historia con la intensidad acostumbrada, podremos ver que mientras los pensamientos y las emociones se van hacia los extremos, nosotros permanecemos en el medio. Y si no negociamos, poco a poco a los pensamientos y a las emociones no les quedará otra que venir a nuestro encuentro, en el medio.

Allí, en el medio, es cuando podemos ver en paz un mundo en caos. No seremos parte del caos, porque no nos iremos del centro.

Quietitos, en el medio.



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