Reaccionar o tolerar

Según Wikipedia, tolerancia significa: acción o efecto de tolerar o aguantar a un individuo y soportar el comportamiento de una persona. Existen también otras acepciones del término. Cuando se asocia la palabra tolerancia a la medicina, es una reducción de respuesta del organismo a efectos producidos por una sustancia determinada y cuando hablamos de ingeniería, la tolerancia a fallos, indica la capacidad de un sistema a seguir en funcionamiento, en caso de producirse algún problema.

En todos los casos, nos queda claro que poner en práctica la palabra tolerancia, implica un esfuerzo importante, requiere hacer retroceder un paso a nuestro ego, seguir funcionando como seres humanos (y como máquinas), pese a circunstancias adversas o que son dignas de nuestro rechazo. Y la verdad, hay que decirlo, ser tolerante también requiere mucho valor.

Tolerar la presencia de un hombre que golpeó a su mujer en la calle, en lugar de detenerse y golpearlo a él, requiere valor. Hablar con respeto cuando el vecino pone música a todo volumen, se orina en las áreas comunes del edificio y tranca tu carro en el estacionamiento, implica ser valiente. Mirar por televisión la juramentación, los abusos y decretos de un neo-dictador, implica coraje, fuerza y tolerancia.

Creo sinceramente, que es más valiente el que –en contra de sí mismo- es capaz de tolerar una injusticia para protegerse, esperando paciente e inteligentemente el momento oportuno de hacer algo; que aquél que instintivamente responde, reacciona, rechaza, reacciona, fustiga, reacciona y no se calla.

Hay una gran sabiduría en aquella persona que sabe tolerar, que espera su momento, que no se deja dominar por la rabia o por el ego que te dice que no estás de acuerdo con tal o cual cosa, que no te gusta, que es injusto, que debes encontrar una solución ya y que X personaje, no ganó las elecciones.

Y yo que llevo un tiempo sumándome a iniciativas para promover la tolerancia, el respeto a las ideas de otros, la no discriminación, confieso que en estos días he puesto a prueba mi convicción sobre todos estos valores. Tengo un malestar venezolano en el pecho, una semana sin dormir bien y una crisis de certeza, nociva para la salud.

Pero un amigo me dijo una frase y con ella me llegó una respuesta: No importa lo que opinas, importa lo que haces. Ciertamente, hay cosas en la vida que requieren tolerancia cero, entre ellas la injusticia, los abusos de poder, la pedofilia, la hambruna en el mundo, el bullying, la explotación sexual… [Agrega aquí las cosas que no estás dispuesto a tolerar] y luego pregúntate: ¿Qué estoy haciendo con esto?

Sin violencia, en paz y sin temor a sonar “cliché”, todos desde nuestro espacio, desde nuestra casa, nuestro lugar de trabajo, nuestra pequeña cuota de poder, podemos hacer algo frente a las circunstancias intolerables de la vida. Ahí está la pequeña línea que hace la diferencia, entre ser causa o efecto de las mismas.



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