Reconocer el espacio de los ausentes

Cuando se presenta la ausencia de un ser cercano (sea cual sea la causa de su partida) es importante respetar el lugar que ocupó, es decir, reconocer el valor de su presencia. Cada miembro de la familia (y todos somos una gran familia) debe sentir que su existencia valió la pena, incluso, por más corta que haya sido.

Siguiendo este principio de las Constelaciones Familiares, si pensamos en el aborto, el cual, por lo general, es tratado con muy poca naturalidad, y más bien es visto como un gran tabú, del que más vale ni hablar, y mejor ocultarlo; hace que sea necesario aclarar que en el sistema familiar todo lo que es considerado un secreto, o lo que es menospreciado, tiende a hacer notar su presencia de infinitas maneras.

La realidad actual es contundente y demuestra que hay una inmensa cantidad de mujeres que han abortado y lo siguen haciendo día tras día. La pérdida de un hijo, bien sea por aborto, por mortinato (fallecimiento en el vientre), porque fue nativivo (murió al nacer), así como cuando ocurre a cualquier edad, genera un duelo que debería cumplir con sus fases en las que ha de ser tratado con todo el amor posible.

ausentes

En muchas ocasiones, el aborto es causante de la separación de la pareja, ya que la responsabilidad / culpa que genera no es tratada adecuadamente, y en la mayoría de los casos es sostenida en el inconsciente. Por lo general, las parejas no conversan del hecho, y ese silencio no permite que se cierre el ciclo correctamente. Tratar lo que siente cada uno es muy importante para la elaboración del duelo.

Otras tantas veces, se tiende a buscar un embarazo casi inmediato. Muchos padres que anhelan mantener vivo a estos hijos fallecidos, le dan el nombre del hijo que murió al nuevo hijo que procrean, lo que no conlleva al reconocimiento de cada individuo del grupo familiar como único e insustituible. Hay que destacar que todo enredo sistémico se verá reflejado con el transcurrir del tiempo.

Un ejercicio que podría resultar para subsanar estos casos es imaginar que sostenemos una comunicación con el hijo fallecido, en la que se le puede decir todo lo que se crea necesario, como: explicarle las razones de la pérdida, y la ilusión coartada de ser madre. En el mejor de los casos, la pérdida más bien resulta como una preparación para un futuro en el que se volverá a compartir con quienes partieron en cualquier otro plano.



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