Recordando el futuro

Recuerdo a mi madre cambiándome el pañal rosa con dibujitos de animales. Recuerdo sentir su cabello entre mis manitos, recuerdo su olor, recuerdo haberla amado. Mi madre, mi refugio.

De niña me gustaba pensar que las cosas que vivía serían bonitos recuerdos en algún momento de mi vida, y me enfocaba en hacer memoria visual de todo para hacerlos perdurar en el tiempo. Lo que esa niña nunca imaginó era que algún día esos recuerdos serían parte de momentos oscuros y dignos de eliminar.

Vivo en una ciudad increíble, tengo una pareja por encima de lo que jamás imaginé que tendría, trabajo en algo que disfruto y mi circulo de amigos es único.

Pero hay algo que falta.

Hay algo que no conecta unas memorias con otras, y es el sentimiento de pertenencia a un círculo familiar. Mi centro de orgullo y adoración que se conoce como familia nunca ha sido muy amigable o fácil. Tuve una infancia un poco diferente a otros niños, lo que me llevó a una adolescencia aún peor y a una turbia entrada al mundo de la adultez. Sin embargo, la unión con mi madre siempre me mantuvo atenta y dispuesta a intentarlo mil veces. Hoy en día lo intento una y otra vez.

Una y otra vez, siempre con el mismo resultado: el fallo.

Es por eso que los recuerdos que tanto quise hacer perdurar me persiguen y por mucho que quiera ignorarlos siempre saltará la anécdota de “cuando era pequeña…” haciéndome recordar a una madre que decidió no serlo más, por terquedad o porque ya fue demasiado.

Yo, paciente como creo que soy, acepto las decisiones de los demás y me acoplo a lo establecido. Yo, receptiva como intento ser, vivo una vida que se ha convertido en algo que preferiría no haber vivido.

La imposibilidad de mirar el pasado y sonreír me hace perder razones para mirar a un futuro y contar con esas memorias que esperaba tener.

En algún momento de mi vida soñé con casarme y poder ver a mis padres a mi lado. Soñé tener hijos y verlos como abuelos orgullosos. Soñé llevarlos de viaje y verlos felices.

Ahora esos espacios están vacíos. No hay nadie que quiera verme avanzar. No hay familiar que quiera saber si estoy bien o si al menos estoy viva, lo que me lleva a tristemente dejar los recuerdos en el pasado.

Aunque de todo lo malo, nace también lo bueno. Ahora sueño con otras cosas y al lado de otras personas. Comienzo a sentirme liberada de responsabilidades sociales o familiares que quizás extraño, pero que así lo desee no estarán en mi vida.

Comienzo a imaginar cómo será mi vida, y pinta diferente, pero no mal. Quizás los días de la madre sean difíciles, quizás algunas navidades duelan más que otras, pero siempre miraré al futuro y disfrutaré de la incertidumbre de no haberlo vivido aún.

Love, R.



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