Regalar mascotas en Navidad ¿es buena idea?

La navidad es época de regalos y felicidad, de comidas ricas y reuniones en casa. Todos esperamos que el Niño Jesús deje en el pesebre o el árbol el regalo que tanto hemos deseado. Nuestros amigos y familiares comienzan a pensar en el regalo ideal para nosotros. Todo eso es maravilloso e indica un espíritu de generosidad y unión que deseamos dure todo el año. En medio de esa algarabía, a alguien se le ocurre regalarle una mascota (perro, gato, ave, morrocoy, conejo, pez) al niño de la casa porque piensa que está solo, o porque debe aprender a ser responsable y ahí, con esa acción «inocente» de regalar a alguien vivo comienza una cadena de errores que suele culminar en el destino incierto, triste y nada deseable para la mascota: vuelve a ser regalada, pasa de mano en mano hasta que va a dar a la calle porque nadie en esa familia se había «paseado» por lo que implica una adopción.

Un perro no es un regalo

Un gato no es un peluche. Un ave no es un presente. Los animales no son regalos, necesitan cuidados calificados dependiendo de cada especie. A las aves hay que dejarlas tomar algo de sol y mantenerles su agua limpia para que beban y se den sus baños, además, pensémoslo: vivir encerrado en una pequeña jaula no puede ser lindo, ni feliz. Un pez necesita una pecera, su agua debe estar impecable; no se le puede dar cualquier comida, hay que comprar una especial para él, necesita su respirador que oxigene su ambiente, necesita compañeros que le hagan la vida lo más parecida a la naturaleza, pero ojo, no podemos mezclar especies, pueden comerse unos peces a otros. Un gato, un perro dejarán de ser ese pequeño y redondo animalito que llegó con un gran lazo y comenzará a tener hambre, sed; habrá que enseñarle a hacer sus necesidades en un sitio concreto, sin que esa enseñanza pase por los golpes y el maltrato porque recordemos: los seres humanos «somos inteligentes» y también necesitamos tiempo para aprender hábitos nuevos.

Antes de regalar una mascota, preguntemos a la familia (nunca al niño) si quiere adoptar y hacer crecer el número de sus miembros. Si son 4 en la familia, preguntemos a los 4 si desean incorporar a un miembro nuevo que tendrá necesidades especiales: alimentación, agua fresca todos los días; será necesario mantener a ese perro o gato vacunado, desparasitado, esterilizado, bañado. Será necesario pasearlo y socializarlo; habremos de mantenerlo identificado; será indispensable prever dónde lo hospedaremos cuando salgamos de vacaciones, y sobre todo, será imprescindible que un adulto (siempre un adulto) se haga responsable de esa adopción. No pretendamos que un niño aprenda responsabilidades a riesgo de la vida de otro ser, porque al niño puede escapársele el perro, se le puede olvidar cambiarle el agua y pronto puede dejar de ser una novedad y en ese momento, la familia decide «regalar» o abandonar al perro o al gato.

Un acto de amor

perro-regaloAdoptar es un acto de amor y responsabilidad que se prolongará durante toda la vida del miembro de la familia que adoptamos: nada justificará un abandono, el maltrato y la crueldad. El abandono puede ocurrir incluso dentro de la casa, cuando dejamos de prestarle atención al animalito porque ya creció o porque lo confinamos en un patio porque nos molesta.

En Navidad, por el bien de tu familia y de la mascota, no regales animales: no son juguetes, pero fieles al espíritu de generosidad y apertura que genera la Navidad podemos abrir nuestro hogar a un animal y acogerlo, adoptarlo, brindarle la protección que no tenía en la calle, darle calorcito de diciembre, y convertirnos nosotros en el niño Jesús de ese perrito, gatico; ser nosotros ángeles que cuidan y protegen la vida.

En Navidad (y en todas las épocas del año) cantemos a la vida y adoptemos con felicidad



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