Repare o cambie el caucho

La raíz de toda infidelidad es un problema no resuelto en casa, llámese: aburrimiento, rutina, frustración, distanciamiento, sensación de abandono, una relación asfixiante de la que buscas rebelarte, vida sexual insatisfactoria, etc; o en asuntos personales, llámense: necesidad de variedad mal conducida, problemas de autoestima, crisis de la mediana edad, machismo, etc. Las razones pueden ser diversas, desde relevantes hasta las más banales. Lo cierto es que nada soluciona la incorporación de un tercero o terceros, al contrario, es empeorar una situación que puede solucionarse con comunicación y madurez.

Es como si se te pincha una llanta y en vez de cambiarla, cambies de carro. ¿Tiene eso algo de lógica?

¿Qué se hace en esos casos? Sacas el caucho, lo revisas para saber qué ocasionó que se dañara, si no lo observas a simple vista, lo llevas a revisar, lo mandas a reparar si tiene solución y/o lo cambias.

Llevemos esto a la relación de pareja. Si sentimos que algo está fallando, debemos conversarlo para revisar qué pudiera estar ocasionando la incomodidad o el problema, si no logramos dar con el asunto, buscar ayuda profesional para ver si se trata de actitudes que se deben mejorar, como un caucho que solo necesita un parche, o si son causas más profundas que implican la sustitución de la llanta como eliminar y reemplazar hábitos, aspectos de personalidad, emociones tóxicas, implementar nuevas conductas, etc.

Pero la mayor paradoja es que muchísimas personas optan por sustituir el carro ante una llanta pinchada, la opción menos lógica e inteligente y la más costosa, siendo el pago la pérdida de valores como la confianza, la sinceridad, la autoestima, la solidaridad y el respeto, además de causar gran dolor, humillación, culpa, ansiedad, impotencia y rencor.

Por el bien propio, el de su pareja, su relación y hasta su familia, sea astuto/a, repare o cambie el caucho.



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