Rescatando al amor del olvido

Sabemos que la vida en familia no es fácil, y no debemos permitir que ésta se desintegre. Nosotros, como pareja avanzamos por el camino del desarrollo mutuo, el punto es que no podemos arreglárnosla sin un amor primario, básico. Es como los matrimonios de la realeza donde ellos ni siquiera se conocen antes ni tienen un punto de contacto común, un punto de amor. Sin embargo, las personas jóvenes de hoy como regla se casan en base a cierta atracción del uno hacia el otro, movidos al menos por una chispa que sucede entre ellos. ¿Cómo pueden las parejas construir su relación correctamente con el fin de avivar esta chispa, según la medida de su territorio común?

Antes que nada, apelamos a la mente, no a las sensaciones. Una sensación cálida que alguna vez pasó ya ha desaparecido, y el recuerdo de ella es deformado por las fases subsecuentes. Las personas ni siquiera se dan cuenta que esto es algo natural, hormonal, material, y más aún, que está sujeto a los hábitos y a varias normas, tan artificiales como cambiantes. En pocas palabras, un deslumbramiento de la sensación familiar apareció espontáneamente, sin el pensamiento, y ahora queremos involucrar la mente para analizar esta explosión. Solo la mente nos ayudará a rescatar esto del pasado en el que solíamos caminar de la mano y vivir en armonía, incapaces de separarnos, y éramos tan apasionados que lucíamos con una sonrisa perpetua en los labios. Nosotros queremos recrear esta situación para que endulce nuestra vida y le dé sabor, significado, y de esta manera, seremos capaces de irradiar calidez y compromiso a nuestros hijos y seres queridos. De acuerdo a numerosos estudios esa armonía en la familia refuerza la salud y promueve la longevidad. Es por esto que necesitamos apelar a la mente.

Antes que nada, estamos de acuerdo el uno con el otro en el punto hasta el cual puede demandar mi pareja de mí y yo de ella. Cada uno rechaza cierta parte de su comodidad, en otras palabras, su egoísmo; y apoya y alienta a la pareja en la rutina diaria, en los negocios y las discusiones. Demostramos este enfoque el uno hacia el otro en la forma de un buen ejemplo.

Cada uno de nosotros se dirige y se relaciona con el otro como hacia la persona más importante, más lista, a una persona única del mundo. No nos da vergüenza exagerar, no evitamos las palabras grandilocuentes y los cumplidos. El hábito se vuelve una segunda naturaleza. Realmente comenzaré a ver en mi “mitad” lo que yo le estoy asignando. Me relaciono con mi pareja como si cumpliera con todos esos parámetros hasta que realmente reconozco todas esas cualidades en ella.

Entonces, mentalmente yo trazo una imagen de la mejor pareja del mundo, la imagen que abarca todos los aspectos de la vida, todas las situaciones. Trabajo en mí mismo para tratar realmente a mi pareja como si ella fuera eta imagen. Literalmente me “programo” a mí mismo y programo nuestra relación.

¿Entonces, tengo que ignorar la realidad? No existe una realidad objetiva. Yo siempre veo las cosas que trazo en el “lienzo” de mi consciencia. En realidad, no estoy consciente de mi pareja, aun cuando vivimos juntos. Estoy tan acostumbrado a ella que, solo ocasionalmente, me enfoco en los bordes más prominentes detrás de la apariencia externa. Lo principal está en esta imagen y no en los detalles externos, sino en el respeto, la reverencia, en la que estoy imbuido, en el valor que el ideal adquiere ante mis ojos; precisamente este valor, esta actitud, se la transfiero a mi pareja. Nada le impide a mi imaginación dirigirse en la dirección correcta y ser programada con una cierta visión.

El amor viene cuando yo le muestro a mi pareja un ejemplo de que lo o la acepto, que le agradezco mucho a él o ella, a pesar de todo lo negativo que veo en él o ella. Demuestro amor, el mismo amor que siento por mi propio bebé el cual es siempre irresistible ante mis ojos, sin importar como sea.

Aquí es donde comienza el trabajo en el que debemos aprender a observar la vida de forma objetiva, sin dependencia de nuestros propios deseos, fantasías, y pasiones. Nosotros mismos estamos construyendo el mundo, no con aspiraciones, sino que mediante nuestra actitud conjunta rescatamos del olvido al deseo, hasta que éste remplaza la realidad previa.



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