Resiliencia para obtener lo mejor de nosotros mismos

Deseando hacer una pausa en la rutina del año, escribo este artículo disfrutando de unos días de vacaciones junto a unos amigos en un balneario, reconocido por su alta oferta de lugares nocturnos, en especial, para la hija de uno de nosotros que apenas hace algunos meses ha cumplido los 18 años.

Antes de que los padres de ella decidieran acompañarnos, sostuvimos un larga conversación en mi casa de Caracas porque, tomando en cuenta el rol que ellos tienen como modelo a seguir en la educación de su hija, se preguntaban si era apropiado llevarla a una isla donde es tan fácil para los jóvenes consumir bebidas alcohólicas.

A pesar de lo distinto que pueda sonar el tema, comencé la conversación preguntándoles si alguna vez habían escuchado lo que significa el término: resiliencia.

Esta palabra, aceptada por la Real Academia Española, habla de esa capacidad humana para asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

En este sentido, mis amigos están conscientes de que una de las características de la edad por la que está pasando su hija, está muy relacionada a la presión que puedan hacer sus pares para que ella logre pertenecer a determinado grupo o simplemente para que sea aceptada. Y es aquí cuando la resiliencia de los jóvenes se entiende como esa capacidad que desarrollan para no ceder ante la presión de un consumo inadecuado de alcohol propiciado por sus propios amigos, sin sentirse mal por colocar los límites que son necesarios para su bienestar.

A mi juicio, la resiliencia vista desde el ámbito de buenos hábitos de consumo de bebidas y comidas va más allá de la resistencia que pueda poner la hija de mis amigos ante una situación incómoda. La resiliencia por sí misma tiene un elemento proactivo que hace que el sujeto que la ponga en práctica sea capaz de superarse a sí mismo. Nosotros conocemos nuestros propios límites, y vista desde el aporte que puede darnos para generar en nosotros mejores hábitos de consumo, es mucho más activa que pasiva, porque no sólo se trata de decir no gracias, sino de saber –racionalmente- por qué ese trago de más o el segundo postre que deseamos comer, puede hacernos daño. En otras palabras: decir no, en algunas oportunidades, es hacerlo porque queremos ser asertivos con nosotros mismos a través de las decisiones sencillas que todos los días vamos tomando.

Sin embargo, en aras de poder ayudar a mis amigos, les aconsejé que le preguntaran a su hija si alguna vez se había sentido avergonzada por no tomar bebidas alcohólicas como lo hacen sus amigos. La recomendación que puedo darles a ustedes si tienen también un caso cercano, es que dediquen el tiempo necesario para conversar sobre el tema, tomando en cuenta sus emociones y manteniendo siempre el respeto. Dejar claro nuestro punto de vista y cómo nos sentimos, nos ayudará a reforzar ese lazo afectivo tan importante para que nuestros hijos se sientan seguros de sí mismos ante una situación delicada como la que planteamos. Conocer de cerca las amistades de ellos y sus padres, es de suma importancia para que logren reunirse con otros muchachos cuyos padres tienen ideas y actitudes similares a las nuestras en lo relativo al alcohol.

¿Nuestro gran reto ahora, luego de conocer las distintas acepciones de este término? Recordar por lo menos un episodio en el cual la resiliencia haya sacado lo mejor de nosotros mismos.



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